Boris Pinto, periodista UANDES: Cómo fue reportear la tragedia aérea de Juan Fernández

Llevaba dos días en su nuevo trabajo y le tocó cubrir una de las noticias del año. Ahí conoció el dolor de la población local
-especialmente- por las muertes de Felipe Cubillos y Sebastián Correa y la labor de los pescadores en la búsqueda de las víctimas.

Boris Pinto (al centro) recuerda que "trabajaba todo el día, reporteando, corriendo, moviéndome, y en las noches escribía, escribía, escribía y mandaba a Santiago".


Boris Pinto (PER 08) llevaba solo dos días como periodista en El Mercurio. Y en ese breve lapso le tocó nada menos que ser enviado especial para reportear la que será una de las noticias del año: El accidente aéreo en la isla Juan Fernández de un avión de la Fach, en el que fallecieron 21 personas, entre ellas el animador de TVN Felipe Camiroaga y el empresario y creador de Desafío Levantemos Chile, Felipe Cubillos. “Fue un desafío enorme –recordó- tener que llegar allá y con las herramientas que uno tiene, simplemente. Y sin haber llevado mucho tiempo en el diario, entonces tampoco tienes muy clara la línea editorial y lo que tus jefes quieren de ti. Por otro lado, estaba la gracia de poder tener la oportunidad de haber disfrutado de un reporte de ese estilo al tiro. Era muy motivador”.

Durante sus estudios, Boris desarrolló el lenguaje audiovisual y ya como profesional empezó su carrera como encargado de comunicaciones de una empresa, jefe de contenidos del canal local de San Bernardo (ISB, dependiente del obispado) y la radio 95.3 (en la que fue productor periodístico), donde se dio cuenta de que le gustaba tratar con las fuentes. Su desembarco en El Mercurio lo puso a prueba. Al llegar al archipiélago, “pasé un día en el aeródromo y después pasé un día entre un bote, una fragata y un helicóptero; de verdad, estuve en tierra 15 minutos. Y el otro día ya me instalé en el pueblo y dormí en el living de la casa del cura, porque no había nada más dónde quedarse”.

Trabajando solo, debió enfrentar problemas como la conexión a internet, vital para enviar sus despachos. “Mandar una foto era un suplicio; un día me demoré una hora adjuntando seis fotos”. Pero ese era una pequeña parte del desafío que significó reportear esta noticia. Una arista debatida por la opinión pública fue cómo informar sin romper los estándares éticos. En este sentido, explicó que “los ramos filosóficos, de ética periodística, los ramos teológicos, generan una edificación interior en nosotros, los profesionales de la UANDES, que al final ayuda mucho en estas situaciones. Por otro lado, está el diario. El Mercurio es un periódico que tiene que cuidarse, el número uno”.

Su rutina mientras estuvo cubriendo el tema era intensa. “Trabajaba todo el día, reporteando, corriendo, moviéndome, y en las noches escribía, escribía, escribía y mandaba a Santiago. En el aeródromo, la comida te la da la Fach. Te entregaban una ración de combate. Una ración de combate, a un militar, le tiene que durar 24 horas. A los periodistas, tiene que durarles 48. Es decir, un soldado tenía, en un día, dos comidas: el almuerzo y la comida en la noche. Nosotros, teníamos una comida por día. Los comandos dormían en tres sacos de dormir; nosotros, en uno. No había agua potable. Había una población flotante de 120 personas y habían dos baños químicos, ¡dos!”.

El dolor por Felipe Cubillos y Sebastián Correa

Pero en medio de este ajetreo, a Boris le llamó la atención “el dolor de la gente de Juan Fernández. Ellos no lloraron a Felipe Camiroaga. Ellos lloraron a Felipe Cubillos y Sebastián Correa, “a mango, a mango”, porque los conocían mucho y eran los que les estaban reconstruyendo la isla después del maremoto. El dolor de la gente, además, porque con el tsunami perdieron a 16 personas en un pueblo de 832 habitantes en total (...) Ese sufrimiento, de alguna manera, les sirvió para poder enfrentar este accidente catastrófico”.

También destacó la labor de los pescadores que salieron a buscar restos de las víctimas. “Lo hacían por darle tranquilidad a las familias acá en Santiago”, dijo. Y sobre el desempeño de los efectivos de la Armada y de la Fach que les tocó conocer, recordó la historia de un comando que se casó el 13 de agosto, dos días después lo habían mandado a una misión, volvió el miércoles antes del accidente y el día de la tragedia lo mandaron a Juan Fernández.

Finalmente, Boris regresó en un buque de la Armada. Luego de hacer un balance de esta experiencia, concluyó que “estoy recién partiendo en el diario, me encanta el reporteo, una cuestión que siempre me gustó en la universidad y, de hecho, por eso busqué, y salió, gracias a Dios, la opción de El Mercurio. Para mí esto es increíble. Lo volvería hacer. Estoy dispuesto a que me vuelvan a mandar a una misión así. Tengo 25 años, tengo que hacer carrera, ir ganando experiencia y un nombre, y después, cuando ya esté casado y con guagua, no sé si voy a estar tan disponible para hacer estas cosas. Después voy a poder contarle a mis nietos ‘esta la hice yo’. Y eso te va a ayudar también en el crecimiento como periodista”.