¿Por qué se enseña Teología en la Universidad?

30 de mayo de 2012






Esta pregunta surge de vez en cuando en los alumnos y apoderados que se acercan por primera vez a la Universidad de los Andes, e incluso entre personas que ya forman parte de ella como profesores, administrativos o estudiantes.

Sería reductivo pensar que en la Universidad de los Andes se enseña teología por su vinculación con el Opus Dei. No es así, en esta Universidad se enseña teología porque es una Universidad.

Como centro de enseñanza y de investigación universal, a toda Universidad, sea laica, confesional (cualquiera que sea su denominación religiosa) o públicamente atea, le debería interesar la pregunta sobre Dios. No hacérsela sería excluir un tema fundamental de la realidad y un atentado contra la razón, pues se estaría asumiendo que ésta no es capaz de plantearse la cuestión de su propio fundamento. La existencia de Dios, el fin último del hombre, el fundamento de la moral, etc. son temas que todas las personas se plantean en un momento u otro y que merecen ser abordadas racionalmente. Y es razonable hacerlo en el seno de la fe cristiana, que ha sido la matriz de nuestra cultura occidental.

Existe otra razón que hace de la teología un instrumento muy valioso al interior de una Universidad. Al ver la Universidad desde una perspectiva global, se presenta como un centro que agrupa un sinnúmero de ciencias (Ingeniería, Comunicación, Medicina, Derecho, etc.). Cada una de ellas contribuye al conocimiento desde su propia esfera, y existe el riesgo de que alumnos, profesores o investigadores parcialicen dichos conocimientos, sin lograr formar un todo que los integre.

La Teología, como ciencia, permite "aunar los saberes diversos", porque la "cuestión" de Dios unifica todos los saberes: de sus respuestas depende el enfoque que se da a cada ciencia, el fin que se persigue, la manera de calificar la bondad o maldad del comportamiento profesional, etc.


LA VISIÓN DEL PAPA Y OTROS AUTORES

Todo esto lo explica muy bien el papa Benedicto XVI, en un discurso dado en la Universidad de Ratisbona, en el que hace unos recuerdos y reflexiones: "En el conjunto de la Universidad estaba fuera de discusión que, incluso ante un escepticismo tan radical, seguía siendo necesario y razonable interrogarse sobre Dios por medio de la razón y que esto debía hacerse en el contexto de la tradición de la fe cristiana".

Vale la pena escuchar cómo distintos autores, todos ellos grandes universitarios, exponen éstos o parecidos argumentos.

Por ejemplo, John H. Newman, un gran universitario, académico de Oxford y más tarde cardenal, que la teología es un saber tan importante y extenso como cualquier otra asignatura, y, por tanto, la Universidad -que es el lugar en el que se enseña el "saber universal"-, no puede omitirla sin traicionar su propia esencia universitaria. Por eso, cuenta Newman, la escuela de París, se convirtió en Universidad antes que Padua, Salamanca o Colonia: porque "fue la primera en abrazar todas las artes y las ciencias". Y acaba diciendo que una Universidad que enseña Teología es un centro de enseñanza que hace una oferta de saber más amplia y más profunda.

A principios de este año, el filósofo Alejandro Llano visitó la Universidad de los Andes y en su clase magistral "La Universidad y el Tiempo" (Ver PDF), repitió lo que ya ha dicho en muchas otras universidades: "Resulta imprescindible la presencia de la teología, tanto en la enseñanza como en la investigación. Porque, en ausencia de la apertura científica a la religión, queda sin fundamento y sin culminación el empeño por iluminar una imagen del hombre que sólo se esclarece a la luz del Verbo Encarnado. El mayor desafío intelectual de este período de entre-épocas consiste, quizá, en el descubrimiento del papel arquitectónico que a la filosofía y a la teología les corresponde respecto al proceso por el que –según decía el Beato Juan Pablo II- la fe se hace cultura".

A estas razones, conviene añadir un motivo cultural y es que resulta imposible prescindir de la Revelación cristiana si se quiere entender el pensamiento de innumerables autores.

Explica Giuseppe Tanzella-Nitti: "Sin el conocimiento de lo que representa para el cristianismo la Encarnación o el misterio de Dios Trino, no se entenderían en su totalidad la Divina Comedia de Dante, ni la Fenomenología del Espíritu de Hegel, ni la mística de Pascal, ni el nihilismo de Nietzsche. Sin una idea precisa de la historia de la salvación y de sus diversas etapas, tal como han sido transmitidas en la Sagrada Escritura, permanecerían en la sombra los contenidos de las principales obras de arte: no entenderíamos los frescos de la Capilla Sixtina, ni la arquitectura de las catedrales góticas. Sin una experiencia del drama del pecado o de la redención, no podríamos acceder al contenido de las obras de Dostoyevski o de Goethe, de Shakespeare o de Calderón de la Barca. Sin el conocimiento de la universalidad y de la novedad del sacrificio redentor de la cruz, no entenderíamos el por qué de los desarrollos históricos que ha sufrido el derecho o la filosofía política".

Ahora bien, continúa Tanzella-Nitti, la enseñanza teológica en un campus universitario, tiene que tener características metodológicas adecuadas al estatuto público de la Universidad: debe proporcionar a los alumnos los principios de su reflexión y los motivos que fundan su razonabilidad, debe estar abierta al diálogo continuo y debe atender a las situaciones culturales en las que viven alumnos y profesores.

Quien quiera estudiar más a fondo este asunto e iniciar un diálogo, está invitado a conversar en Twitter con @capellanuandes o a enviar un mail a capellaniauandes@gmail.com.



 
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