Eduardo Sorensen (DER 01): el fotógrafo submarino que trabajó para National Geographic

Octubre 2012




Foto: © OCEANA/Eduardo Sorensen


Foto: Eduardo Sorensen


Foto: Eduardo Sorensen


Eduardo Sorensen.
Foto: Geográfica Producciones Ltda.
Todo comenzó en 1993. "Fui a Bahía Inglesa de vacaciones y volví y dije 'quiero aprender a bucear'", cuenta Eduardo Sorensen (DER 01) sobre cómo se convirtió en fotógrafo submarino profesional. También está la influencia de los documentales que vio en televisión durante su niñez: "me llamaba más la atención la persona que estaba detrás de cámara que lo que se mostraba". Y a eso se suma el que "desde el primer minuto me dieron ganas de empezar a registrar lo que había allá abajo", cuenta este egresado UANDES que ha conocido como pocos la rica vida acuática de la costa de Chile y que ha trabajado nada menos para National Geographic.

Tras aprender a bucear cuando estaba en el colegio, Eduardo obtuvo en 1999, mientras estudiaba Derecho, su licencia como instructor por parte de la Confederación Mundial de Actividades Subacuáticas (CMAS), organización que otorga una certificación internacional para la práctica de esta actividad.

- Tras superar la barrera de aprender a bucear, ¿cómo superaste la de aprender fotografía submarina?
- Una de las cosas interesantes que tiene es que uno nunca termina de aprender y perfeccionarse. Pero al principio, cuando no tenía idea de cuál lente comprar ni cuál cámara, primero hay que tener conocimiento de qué son los lentes, las distancias focales, las asas, las velocidades de obturación. Tuve que partir de ahí. Entonces, al principio fue a través de libros. Después, cuando me iba a comprar la primera cámara, mi primer instructor me recomendó a un fotógrafo chileno que sabía ya bastante, Álvaro Sepúlveda. Nos hicimos bien amigos y él me ayudó mucho. Empezamos a bucear juntos, después veíamos las imágenes, que en esa época eran diapositivas. La curva de aprendizaje fue mucho más rápida gracias a él.

- ¿Cuándo te diste cuenta que te querías dedicar a esto de manera profesional?
- En la Universidad. Pero tampoco fue inmediato. Era bien realista y veía que mis fotos no tenían el nivel para ser publicadas afuera. El dedicarse profesionalmente fue siempre como una aspiración. Me proyectaba trabajando como abogado y tomando fotos en los tiempos libres.

- ¿Ejerciste como abogado entonces?
- Cuando egresé me dediqué harto a bucear y di mi examen de grado en 2007. Luego, me metí a un diplomado en la Universidad Católica, de Derecho Ambiental, porque quería dedicarme a esa área. Cuando terminé el diplomado, un profesor de ese programa me invitó a ayudarlo a investigar a algunos temas y después él decide formar un estudio de asesoría medioambiental. Paralelo a esto, empezaron a salir los trabajos profesionales de fotografía.

- ¿Cómo resolviste ese dilema?
- Fue complicado porque llegó el momento en que tenía que decidir. Por un lado estaba todo el proyecto que empujaba este profesor, que era bien interesante y tenía temas bien entretenidos, y, por otro, me contactaron de Oceana. Al principio las expediciones no eran tan bien pagadas, pero después de la segunda o tercera, se empezó a pagar un precio de mercado y yo dije "¡Mira…!".

Al agua

- ¿En qué consistían esas expediciones?
- Normalmente, era registro de lugares de los que había poco registro. Eran lugares alejados, por ejemplo, Tortel, el primer lugar al que me tocó ir. La idea de Oceana era tener registro, que ojalá demostrara que había biodiversidad, y con esa información presentar solicitudes de concesiones marítimas para crear áreas marinas protegidas. Eso fue en 2008.

- ¿Cómo ha sido trabajar con Oceana?
- Ha sido una experiencia excelente primero porque es una institución grande, que tiene bastante experiencia. Se ha especializado en la protección de los océanos. Cuando empecé a trabajar, había asumido un año antes Alex Muñoz -el actual vicepresidente de la oficina para Sudamérica-, quien venía con la mentalidad de realizar expediciones. Para él, eran y siguen siendo súper importante las expediciones y la parte gráfica. Él se preocupa de que haya buenas fotografías, buenos videos. De hecho, Oceana tiene un área audiovisual. Ahora, no trabajo contratado, sino que por proyecto. Me contratan para las expediciones, pero gracias a ellos he viajado: estuve tres meses navegando en las Islas Canarias, donde participé de una expedición allá. Después me tocó ir como fotógrafo a la primera etapa de la expedición al golfo de México, cuando hubo al derrame de petróleo.

- ¿Te refieres al derrame de la plataforma Deepwater Horizon, ocurrido en abril de 2010? ¿Cómo fue esa experiencia?
- Pasamos por el área en la que estaba la Deepwater Horizon, pero rastros de petróleo ya no habían. El petróleo ya se había evaporado y también decantó. Pero en la costa todavía estaban rescatando aves que estaban con el plumaje con petróleo, las tortugas sufrieron mucho y en las playas sí se veían rastros de crudo.

- ¿Tus fotos eran de esas zonas?
- No. Me tocó registrar la parte bonita, que es el principio de los cayos de Florida, desde donde partió la expedición. Y después me tocó bucear en el Golfo de México, pero mar afuera, como 60 millas, en unos arrecifes de coral que son increíbles y de muy difícil acceso, para mostrar lo que había que cuidar. Yo fui el primer chileno en ir, porque los otros dos eran españoles. De hecho, fui el primer no español que iba como fotógrafo. Lo otro interesante de trabajar con Oceana es que estén con interés en realizar expediciones en Chile. Para mi eso fue ideal porque ahí si encontré una manera de vivir de la fotografía. Entonces, por un lado están las expediciones que hago con Oceana y, por otro, y a propósito de esta ONG, me rencontré con un amigo que es periodista y que se ha dedicado a la realización de documentales, que es Fernando Luchsinger.

- ¿Con él hiciste el proyecto Frontera Azul? ¿En qué consiste?
- El objetivo es hacer registro de biodiversidad marina en Chile en fotografía y video. Luego están los medios de difusión de ese material y que ha sido a través de Facebook, a través de esta serie de televisión del mismo nombre que transmitió TVN el año pasado, los domingos en la noche. Y luego vamos a sacar una revista por internet con información sobre los viajes que hacemos y con información científica. Nuestra base es hacer unión con científicos o entidades científicas, para así tener un respaldo científico de lo que hacemos. Hemos trabajado con la WWF, Whale Sound, que se dedica al estudio de la ballena jorobada en la isla Carlos III; la ECIM (Estación Costera de Investigaciones Marinas de la Universidad Católica); el proyecto Pan, de Julio Lamilla, de la Universidad Austral; el Centro Ballena Azul; y la Fundación Melimoyu.

"Bien encaminado"

- ¿Te tocó trabajar en alguna oportunidad para National Geographic?
- Sí. Me ha tocado hacer dos cosas, ambas a través de Oceana. La primera fue un reportaje que se hizo en una revista que tiene National Geographic, que se llama National Geographic Extreme Explorer, que es solo por suscripción para colegios e instituciones educacionales. Se hizo un reportaje sobre los corales, pero hablaba también de los corales de agua fría y ahí usaron fotos que yo tomé de expediciones que hicimos a Tortel. Así que podría decir que publiqué en National Geographic (ríe).

- ¿Qué sentiste tras eso?
- Lo que más me impresionó fue ver en los créditos mi nombre junto al de otros fotógrafos que habían publicado en esa misma edición. Me impactó. Fue como decir "parece que voy bien encaminado". Había fotos de quien es el actual editor general de National Geographic, Chris Johns, que fue mucho tiempo fotógrafo. Una de las fotos en esa publicación era de él, la portada de hecho. Ahora, esto fue luego de que National Geographic se contactara con Oceana. Además, me hicieron una entrevista por mail para ese artículo sobre cómo es bucear en agua fría.

- ¿Y el otro trabajo para National Geographic?
- Fue una expedición en el verano de 2011, que fue una expedición grande en conjunto con Oceana, la Armada de Chile y National Geographic, en la cual el objetivo era ir a un islote que está a 200 millas de Isla de Pascua que se llama Isla Sala y Gómez, un lugar que está muy poco explorado. Nosotros estuvimos ahí alrededor de 20 días en un barco de la Armada, en el Comandante Toro, a disposición nuestra. ¡Imagínate la logística que hubo detrás de eso! De esto surgió un documental que se llama "Los Tiburones Perdidos de Isla de Pascua" ("The Lost Sharks of Easter Island").

- ¿Cuál era el objetivo de la expedición?
- Debido a que se declaró parque marino la zona alrededor de Sala y Gómez, entonces había que hacer registro de esa zona. Por otro lado, que quizás era lo más importante, el ecólogo español Enric Sala, que participó en la expedición, trabaja para National Geographic en un proyecto sobre los últimos lugares submarinos prístinos. Él se ha dedicado a viajar a las últimas islas que quedan en el mundo que han sido poco intervenidas, por lo tanto, se trata de lugares muy pequeños, lejanos y difíciles de llegar. Él se dio cuenta en sus estudios que un patrón que se repetía en todos eso lugares era que si se buceaba en los arrecifes, primero se veían muchos tiburones y pocos peces pequeños, que es lo contrario del concepto que se tenía de arrecifes de coral sanos, en los que uno lo primero que se imagina son muchos peces pequeños y de colores dando vueltas. En realidad, un ecosistema sano está dominado por los depredadores top. Y eso pasa en muy pocos lugares del mundo. La idea de la expedición era mostrar eso, que efectivamente se da en Salas y Gómez, pero en Isla de Pascua no. Y eso es porque Isla de Pascua ha sido sobrexplotada. Al final, la conclusión es que si protegemos Isla de Pascua en un tiempo más puede volver a ser como era. Tiene que haber sido como Sala y Gómez y puede llegar a ser como esa isla. Por eso es que Oceana está solicitando que se cree un área marina costera protegida en la caleta Hanga Roa.

- ¿Cuáles son tus proyectos futuros?
- Seguir registrando la biodiversidad marina en Chile, porque quedan muchos lugares por registrar. Normalmente, cuando vamos a los lugares, no vamos por el tiempo que quisiéramos ir. Nos gustaría estar por lo menos dos semanas, y a veces podemos estar cinco días. Entonces, el tema del registro es bien a largo plazo, volver un año, el próximo. Ese solo hecho es un proyecto difícil en sí mismo. Y personalmente, hago cursos de fotografía submarina. Es algo que estoy tratando de promover constantemente.

- ¿Los chilenos cuidamos nuestro mar, por lo que te ha tocado ver?
- No, para nada. Somos completamente inconscientes del mar chileno. Somos un país agricultor, no pesquero, como deberíamos ser. Y el daño que se ha hecho con la pesca industrial ha sido irrecuperable. El daño lo ha producido la pesca industrial descontrolada desde la década del 70 en todo Chile, pero especialmente en el norte y el Golfo de Arauco ahora.



 
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