Testimonio de Hna. María de Guadalupe en Siria: "La guerra se hizo para nosotros vida cotidiana"

Jueves 11 de agosto de 2016

La Hermana María de Guadalupe ha sido misionera en Medio Oriente hace 19 años, y llegó a vivir a Alepo, capital económica de Siria, pocos meses antes de que se iniciara la guerra.


¿Dónde está lloviendo hoy? es la pregunta que todos los días se hacen los jóvenes de Siria, y no precisamente tiene que ver con la lluvia que nosotros conocemos, como fenómeno atmosférico, sino en realidad con la “lluvia de proyectiles” que día a día arrasa con sus ciudades y con sus familias desde hace cinco años, cuando comenzó este conflicto bélico, que hoy es parte de su vida.


“Mientras muchos buscan pokemones, muchos otros están buscando a sus familias bajo los escombros”, comentó la hermana María de Guadalupe, religiosa de la familia del Verbo Encarnado de Argentina, como parte del testimonio que entregó durante la charla “Vida de Fe en guerra”, que dictó el martes 9 de agosto en la Universidad, organizada por Escuela de Administración de Servicios y Capellanía Universitaria.


A través de imágenes y con un relato cercano y directo, la religiosa entregó a los jóvenes que asistieron a la actividad, un profundo mensaje sobre la guerra y la terrible situación que viven los cristianos y el pueblo sirio. Pero también, un mensaje de esperanza, respecto de cómo la guerra les ha permitido vivir la vida cotidiana con intensidad y dándole relevancia a lo verdaderamente importante.


“Ellos viven cada día como si fuera el último, pero no olvidan su diario vivir”. Como ejemplo, contó la historia de una de las estudiantes de la residencia universitaria del obispado, que durante una alerta tomó sus apuntes antes de evacuar. “Si sobrevivo a esta, el lunes tengo examen”, explicó de forma muy natural. “La guerra se hizo para nosotros vida cotidiana”, afirmó la hermana Guadalupe, mientras mostraba algunas fotos de cómo era la ciudad antes del conflicto y lo poco que queda de ella con los ataques que sufren a diario.


La Hermana María de Guadalupe llegó a vivir a Alepo, capital económica de Siria, pocos meses antes de que se iniciara la guerra. Ha sido misionera en Medio Oriente hace 19 años y a fines de 2010, cuando estaba delicada de salud su congregación le dio a elegir su próximo lugar de misión, algo más tranquilo para recuperarse. Ella escogió Siria, un país que describió como único en Medio Oriente, un paraíso por la buena y pacífica convivencia que existía entre cristianos y musulmanes. No obstante, “los planes de Dios” hicieron que pocos meses después de su llegada se desatara el conflicto.



“Mientras muchos buscan pokemones, muchos otros están buscando a sus familias bajo los escombros”, comentó la religiosa durante su charla.


"Al comienzo, la noticia empezó a correr entre los familiares de otras localidades, hacia el sur de Siria. Descuartizamientos, muerte de cristianos, que nada tenían que ver con lo que se decía en la prensa”, aseguró. Porque de acuerdo a su experiencia, la guerra no surgió de marchas pacíficas de los ciudadanos sirios reclamando por un gobierno democrático, sino que fue iniciada por rebeldes fundamentalistas extranjeros, que invadieron el país asesinando cristianos. “Esta guerra no nació en la calle, se planeó en un escritorio”, afirmó convencida de su relación con el mercado de la venta de armas, la existencia de petróleo y los intereses creados en la zona.


La ciudad de Alepo estuvo sitiada por los rebeldes por más de un año, sin agua, sin luz, sin combustible, sin alimentos, antes de que la prensa mundial diera a conocer su situación. “Nos tomó desprevenidos. Murieron de hambre y de sed sin que el mundo se enterara”, fue el duro recuerdo que hizo la religiosa, quien después de cinco años se encuentra de regreso en su país y actualmente de visita en Chile.


A pesar de todo, explica que los sirios no quieren emigrar de su país, no quieren ser refugiados, sino que desean que termine la guerra para reconstruir sus vidas. Por ello invitan a rezar por ellos, a difundir la realidad que los afecta y a colaborar en la medida de lo posible.


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