Llegar a Dios por medio del trabajo bien hecho

Jueves 29 de septiembre de 2016

 

Falta muy poco para que se cumpla un nuevo aniversario de la fundación del Opus Dei, que en castellano significa “Obra de Dios”. Ya son 88 años desde que se inició en el mundo y actualmente está presente en 68 países, incluyendo Chile. La prelatura llegó a nuestro país algunos años después de su fundación: el día 5 de marzo del año 1950 vino el primer Sacerdote del Opus Dei, don Adolfo Rodríguez Vidal, enviado por el fundador, Josemaría Escrivá de Balaguer, para así iniciar con la labor apostólica de la Obra en el país.

Don Adolfo Rodríguez fue recibido en la casa del Cardenal José María Caro, Arzobispo de Santiago en ese entonces. Tras un mes en la capital, don Adolfo pasó a dirigir una Residencia Universitaria llamada “Alameda” ubicada en la comuna de Santiago, que años más tarde cambiaría de ubicación.
Recién en junio de ese año, el Papa Pío XII aprobó definitivamente el Opus Dei como Instituto de Derecho Pontificio.

Durante los primeros años, don Adolfo hizo clases en las escuelas de Ingeniería y Economía de la Universidad Católica y la Universidad de Chile, donde comenzó con su trabajo sacerdotal, realizando una labor apostólica continua que le traería grandes frutos.

En 1953, cuando en Chile integraban la Obra un poco más de diez personas, llegaron las primeras mujeres para aportar, ya que se hacía necesaria más ayuda. Esto permitió entonces que tres años más tarde comenzara la labor en la región de Valparaíso y Viña del Mar.

Ya entre 1969 y 1970, padres de familia ligados al Opus Dei comenzaron los colegios Los Andes y Tabancura, a los que luego se sumarían otros colegios, entre ellos Nocedal y Almendral. Continuando con el espíritu del fundador de ser santos en medio del mundo a través del trabajo bien hecho, algunos miembros del Opus Dei fundaron nuestra Universidad, que hace unos días cumplió 27 años.

Después de algunos años de la llegada de la Obra a nuestro país, el Papa Juan Pablo II nombró a don Adolfo Rodríguez como Obispo de Los Ángeles, el 6 de junio de 1988, quien asumió bajo el lema “no he venido a ser servido sino a servir”.

La invitación de la Obra es a la santidad personal en el propio estado, por medio del trabajo profesional. Hace un llamado a que el hombre se encuentre con Dios y por eso es tan importante la formación humana y espiritual que recibe cada persona. Uno de los principales mensajes de San Josemaría es que “la propia tarea bien hecha y ofrecida al Señor es medio para acercarse a Dios y cristianizar la sociedad”.

 

“Que entreguemos plenamente nuestras vidas al Señor Dios, trabajando con perfección, cada uno en su tarea y en su estado, sin olvidar que debemos tener una sola aspiración, en todas nuestras obras: poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades.” (San Josemaría, carta 15-X-1948).

 

Por María Jesús Correa y Florencia Pucci.

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