Un recuento del Año de la Misericordia

El Jubileo de la Misericordia, también llamado Año Santo de la Misericordia, está llegando a su fin. El domingo 13 de noviembre se cerrarán todas las Puertas Santas, excepto la de la basílica de San Pedro, y con una Misa el día 20 en la misma basílica, se pondrá término a este año Jubilar, en el que Dios nos ha bendecido con tantas gracias.


Vamos a recordar brevemente algunos de los acontecimientos que han marcado este año. Sería imposible resumir lo que ha ocurrido en todo el mundo, por eso nos limitaremos a unos cuantos, con el fin de darle un profundo agradecimiento a Dios.


Primero cabe pensar en la gran afluencia de peregrinos a las basílicas e iglesias jubilares, con el fin de ganarse la indulgencia. Eso conlleva un sinnúmero de confesiones, en los que millares y millares de personas han experimentado lo que quería el Papa: que encontraran en el sacerdote que los atendía, a Cristo mismo y la misericordia de Dios.


Luego están las obras de misericordia corporales y espirituales, con las cuales los católicos buscamos reflejar el rostro de Cristo con el necesitado. Gracias a Dios, en todo el mundo se han intensificado estas buenas prácticas (visitar a las personas que están en la cárcel, dar de comer al hambriento, etc.).


El mismo Papa Francisco ha realizado varios actos generosos con los “Viernes de la Misericordia”. Por ejemplo, hace poco, el Santo Padre visitó dos estructuras hospitalarias donde se encuentran niños en situación muy grave. En otra ocasión, el Pontífice visitó el centro “Villa Esperanza” donde hay 30 pacientes en fase terminal, lo que provocó una sorpresa maravillosa para todos esos enfermos, más aún si pensamos que esperan encontrarse dentro de poco con Cristo en el cielo. Todos estos encuentros fueron visitas muy significativas para subrayar la importancia de la vida desde su inicio a su fin natural.

También en la Universidad de los Andes hubo una iniciativa en este sentido, pues se quiso mover a los alumnos a practicar cada mes una determinada obra de misericordia. Lo contamos como ejemplo de algo que superó las expectativas, no sólo por la participación de numerosos alumnos, sino porque se pudo comprobar que el amor lleva a más amor: dichas visitas se incrementaron, de modo que la gente siguió yendo por su cuenta y con mayor frecuencia.

Otro de los eventos que cabe recordar fueron las convocaciones de distintos grupos afines para celebrar sus “jubileos” en Roma, junto al Papa. Así, por ejemplo, el de los sacerdotes (a quienes el Papa les predicó un retiro), el de los nuncios, de los catequistas, el de las personas pertenecientes al mundo de las universidades y los centros de investigación, el de los enfermos y de las personas con diversidad funcional, de la vida consagrada, etc.


Aparte de las actividades mencionadas, a lo largo de todo el mundo se han promovido iniciativas de las más variadas e ingeniosas, con el fin de llevar y vivir la misericordia. Así se puede apreciar en el mapa del mundo que contiene los calendarios de algunas de dichas iniciativas. Sin duda, muchos motivos para dar gracias a Dios.

 

Por Florencia Pucci y María Jesús Correa.

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