El día del Señor: celebración de la Creación y Salvación obrada por Dios

 

Para los católicos el domingo es, como su nombre lo indica, el día del Señor. La Biblia nos cuenta como Dios creó todo el cosmos en 6 días y al séptimo descansó, prescribiendo que el hombre, debía dedicar este séptimo día, el sábado, al descanso, tal como el Creador.


¿Cuál es el sentido de este descanso? No se ha de interpretar este descanso como una simple inactividad de Dios (Jesús mismo se preocupa de recordar precisamente en relación al precepto del sábado: “Mi Padre actúa siempre y también yo actúo” (Jn 5, 17), es decir, Dios nunca cesa de actuar, su acto creador es permanente. Hemos de encontrar el sentido, en el hecho de que siempre que Dios crea, al término de cada uno de esos días Dios dirige a la creación una mirada llena de complacencia: estaba bien hecho, “vio Dios que era bueno”. En este sentido, la carta apostólica Dies Domini (el día del Señor) de Juan Pablo II dice que dicha acción de ver es: «una mirada “contemplativa”, que ya no aspira a nuevas obras, sino más bien a gozar de la belleza de lo realizado”» (n° 11).


Por lo anterior se puede apreciar que la Biblia, en primer lugar, vincula el descanso a la Creación. Pero no es la única referencia. En segundo lugar, el Antiguo Testamento vincula el precepto del sábado a la salvación, a la liberación de Israel de Egipto (cf Dt 5, 12-15). El «Dios que descansa el séptimo día gozando por su creación es el mismo que manifiesta su gloria liberando a sus hijos de la opresión del faraón» (Dies Domini, n° 12).


Estos dos elementos son importantes para comprender el trasfondo, lleno de significado, que existe en lo que nos pide la Iglesia al exigirnos a sus fieles santificar el domingo. Siguiendo con la carta Dies Domini, podemos leer: «El domingo, pues, más que una “sustitución" del sábado, es su realización perfecta, y en cierto modo su expansión y su expresión más plena, en el camino de la historia de la salvación, que tiene su culmen en Cristo... Lo que Dios obró en la creación y lo que hizo por su pueblo en el Éxodo encontró en la muerte y resurrección de Cristo su cumplimiento... Es en Cristo que se realiza plenamente el sentido espiritual del sábado, como subraya San Gregorio Magno: "Nosotros consideramos como verdadero sábado la persona de nuestro Redentor, Nuestro Señor Jesucristo"» (n° 18, lo ennegrecido es nuestro).


El domingo es «el día del Señor, el día de la Resurrección, el día de los cristianos, es nuestro día. Por eso es llamado día del Señor: porque es en este día cuando el Señor subió victorioso junto al Padre. Si los paganos lo llaman día del sol, también lo hacemos con gusto; porque hoy ha amanecido la luz del mundo, hoy ha aparecido el sol de justicia cuyos rayos traen la salvación» (Catecismo, n° 1166).


Ahora bien, podríamos decir que si toda la vida del hombre, como criatura de Dios, debe ser una continua alabanza al Creador (si a nuestros padres les debemos siempre respeto, y a los amigos siempre le debemos lealtad…, a Dios siempre le debemos adoración), hay momentos o situaciones específicas en los que ello se ha de manifestar, y el domingo, el día del Señor, es este momento por excelencia. En consecuencia, se puede sostener que el precepto de ir a Misa y guardar el debido descanso, no es otra cosa que una ayuda directa de la Iglesia para que los fieles cristianos cumplamos con el mínimo del culto que le debemos a Dios. De ahí el gran peso que tiene este precepto: quien no lo cumple, no está cumpliendo con el mínimo.


Nos puede servir para una mayor comprensión acudir a un caso análogo: ¿qué se diría de un hijo que dice querer y respetar a sus padres, pero que ni siquiera los oye cuando le hablan? Sin duda que podríamos en duda su cariño y respeto, ya que, ni siquiera les oye. De igual manera se puede legítimamente dudar de la fe y amor de un católico a Dios, si no santifica el día del Señor, si no cumple con el mínimo del culto que se le debe al Creador.


Evidentemente se puede explicar mucho más de lo expuesto. Quisiéramos animar a leer más sobre el particular ya que, comprendiendo más, será posible valorar y disfrutar más el domingo. En concreto recomendamos la lectura de la aludida carta apostólica Dies Domini y los números sobre el particular, del Catecismo de la Iglesia Católica (2168 y ss).


Terminamos respondiendo a la pregunta que quizá algún lector se haga: ¿pero en qué consiste en síntesis «santificar el domingo»?  Al igual que los demás días de precepto, el domingo se santifica oyendo Misa entera y con el descanso que contribuye a que todos disfruten del tiempo de descanso y de solaz suficiente que les permita cultivar su vida familiar, cultural, social y religiosa. Tal como dice el Catecismo en el n°2185: «Durante el domingo y las otras fiestas de precepto, los fieles se abstendrán de entregarse a trabajos o actividades que impidan el culto debido a Dios, la alegría propia del día del Señor, la práctica de las obras de misericordia, el descanso necesario del espíritu y del cuerpo (cf CIC can. 1247)».


¿Y qué ocurre cuando hay impedimentos para cumplir con este precepto? El mismo número del Catecismo lo explica: «Las necesidades familiares o una gran utilidad social constituyen excusas legítimas respecto al precepto del descanso dominical. Los fieles deben cuidar de que legítimas excusas no introduzcan hábitos perjudiciales a la religión, a la vida de familia y a la salud».

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