A cien años de las apariciones de la Virgen en Fátima

El próximo sábado 13 de mayo se conmemoran 100 años de las apariciones de la Virgen de Fátima, a los tres niños: Lucia dos Santos y sus primos Francisco y Jacinta Marto. El Papa Francisco aprovechará esta ocasión para canonizar a los hermanos Francisco y Jacinta (sor Lucia está en proceso de beatificación).


En este breve artículo sólo haremos una reseña de lo ocurrido, pues recomendamos vivamente la lectura de algún libro que se refiera al particular (en este Boletín aconsejamos uno). Asimismo, damos unos links que permiten tener conocimiento de cómo ganar indulgencias por este aniversario, y para conocer y ver la gran vinculación de la Virgen de Fátima con el Pontificado de San Juan Pablo II.


Lucia, Francisco y Jacinta acostumbraban cuidar las ovejas de sus padres, y mientras desempeñaban esta tarea, aprovechaban de jugar, comer juntos y rezar el rosario. Estando en estos menesteres, un día del año 1916, como preparación a las apariciones de la Virgen que vendrían en 1917, tres veces se les apareció un ángel, que se presentó como el Ángel de la Paz. Él les enseñó a rezar para pedir por la conversión de los pecadores, a practicar del sacrificio cotidiano en reparación a los pecados y la adoración a Dios a través de la eucaristía.


Al año siguiente, el día 13 de mayo, María se les apareció a los pastorcitos de Fátima. Les pidió rezar el rosario y hacer sacrificios por la conversión de los pecadores, lo que hicieron con un compromiso decisivo. La Virgen les dijo que, en seis oportunidades, todos los días 13 de cada mes volvieran al mismo lugar (la Cova da Iria), pues Ella se iba a presentar. En los mensajes que los niños transmitían de estos encuentros, la Virgen exhortaba al arrepentimiento y a la práctica de la oración y la penitencia como camino de reparación por los pecados de la humanidad. Pero también se refería a acontecimientos futuros (guerras y otros desastres) En la tercera aparición (el día 13 de julio) la Virgen les comunicó lo que se conoce como “el secreto de Fátima”.

Se trata de una revelación que tiene tres partes. De la última de ellas no se tuvo conocimiento hasta que San Juan Pablo II decidió revelarlo (ni Juan XXIII, ni Pablo VI, ni Juan Pablo I lo quisieron o pudieron realizar). San Juan Pablo II pidió que se lo trajeran después que sufrió el atentado, y años después lo daría a conocer al mundo.


La última aparición fue el 13 de octubre de 1917, y en esa ocasión la Virgen dio la señal que había prometido a los niños para que la gente creyera. Fue lo que se conoce como “el milagro del sol”.


Con ocasión de estos 100 años, el Papa Francisco ha querido ofrecer la oportunidad de lucrar indulgencias de diversos modos, y se han organizado en el Santuario de Fátima una serie de celebraciones. Según el rector del santuario, el P. Cabecinhas, se espera que asistan unos 800.000 peregrinos durante las celebraciones de mayo.


No se puede hablar de la Virgen de Fátima y omitir alguna referencia al Pontificado de San Juan Pablo II. Tanto es así, que el Papa Francisco dijo el pasado 2 de abril, aniversario de la muerte de Juan Pablo II que dicho Papa: “ha dado al mundo dos grandes mensajes: el de Jesús Misericordioso y el de Fátima. El primero fue recordado durante el Jubileo Extraordinario de la Misericordia; el segundo, respecto al triunfo del Corazón Inmaculado de María sobre el mal, nos recuerda el centenario de las apariciones en Fátima… Recibimos esos mensajes para que impregnen nuestros corazones y abramos las puertas a Cristo”.


¿Qué vínculo hay entre la Virgen de Fátima y San Juan Pablo II? La respuesta es larga, si seguimos el orden cronológico de su pontificado, habría que referirse al atentado que sufrió en la Plaza de san Pedro, a la consagración de Rusia y todos los pueblos a María Santísima y a la tercera parte del secreto de Fátima.


Para terminar este breve artículo, les dejamos la oración que la Virgen le pidió a los pastorcitos que rezaran después de cada misterio del rosario: “Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia”.