Apariciones de la Virgen

Lunes 13 de noviembre de 2017

 

 

La  historia  de  las  apariciones de  la Virgen  María en Lourdes empieza el  11 de febrero de 1858, cuando Bernadette Soubirous, una niña de 14 años, salió junto a dos amigas  a recoger  leña en la Roca de Masabielle.  Para  ello tenían  que atravesar un riachuelo, pero como Bernadette sufría de  asma,  no  debía  meter  los  pies  en  el agua,  por lo que permaneció al otro  lado del río, mientras  sus dos compañeras iban a buscar la leña.

Al quedarse  sola, Bernadette  sintió “como un fuerte viento que me obligó a levantar la cabeza. Volví a mirar y vi que las ramas de espinas que rodeaban  la gruta de la roca de Masabielle se estaban moviendo. En ese momento  apareció  en la gruta  una bellísima Señora, tan hermosa, que cuando se le ha visto una vez, uno querría  morirse con tal de lograr volverla a ver”.

“Ella venía toda vestida de blanco, con un cinturón azul, un rosario entre sus dedos  y una rosa  dorada  en cada pie. Me saludó  inclinando  la cabeza. Yo, creyendo que estaba  soñando,   me  restregué  los ojos; pero  levantando  la vista  vi de nuevo a la hermosa  Señora, que me sonreía y me hacía señas  de que me acercara.  Pero yo no me atrevía. No es que tuviera miedo, porque  cuando uno tiene miedo huye, y yo me hubiera quedado  allí mirándola toda la vida.

Entonces  se  me  ocurrió rezar  y saqué el rosario. Me arrodillé. Vi que  la Señora se santiguaba al mismo  tiempo  que yo lo hacía.  Mientras iba pasando las cuentas, Ella escuchaba las Avemarías sin decir nada, pero pasando también por sus manos las cuentas del rosario.
 
Y cuando  yo decía el Gloria al Padre, Ella lo decía  también, inclinando un poco la cabeza. Terminado el rosario,  me sonrió otra vez y retrocediendo hacia las sombras de la gruta, desapareció”.

A los pocos días, la Señora vuelve a aparecer   ante  Bernadette en la misma gruta. Pero la madre de la muchacha creyó que su hija estaba  “inventando cuentos”  y le prohibió  volver a la gruta.

A pesar de esta prohibición, algunos amigos de Bernadette le pedían que volviera  a la gruta;  ante la insistencia, su madre le dijo que consultara con su padre. El señor Soubirous, después  de pensar y dudar, le permitió  volver el 18 de febrero.
 


Esta  vez,  Bernadette  fue  acompañada por varias personas. Al llegar, todos comenzaron a rezar el rosario;  en ese momento,  la Señora se aparece por tercera vez  a Bernadette  y le dice:  “Ven  aquí durante   quince  días  seguidos”.  La niña se comprometió a hacerlo, y la Señora  le respondió: “Yo te prometo  que serás  muy feliz, no en este mundo, sino en el otro
 
La noticia  de las apariciones corrió por todo el pueblo, y muchos acudían a la gruta creyendo en el suceso, aunque otros se burlaban.

En  otra  aparición, el  domingo 21 de febrero,  la  Señora,  lanzando  una  mirada de  tristeza   hacia  la  multitud, dijo a la niña vidente: “Es necesario rezar por los pecadores”.

El 25 de febrero,  la Santa Madre le dijo a Bernadette: “Vete a tomar agua de la fuente”;  la muchacha  creyó que  le pedía que fuese a tomar agua del río Gave, pero la Madre le indicó que escarbara en el suelo. Bernadette empezó  a escarbar,  y la tierra se abrió y comenzó  a brotar agua. Desde entonces,  de aquel  manantial  ha manado sin cesar un agua prodigiosa, y allí han ocurrido   curaciones  milagrosas  avaladas por la ciencia.

Al día siguiente,  la Señora  subrayó:  “Es necesario  hacer  penitencia”. Asimismo,  la Señora le dijo: “Rogarás por los pecadores... Besarás  la tierra  por la conversión de los pecadores”.

El párroco  de Lourdes  había pedido  una señal que demostrara la autenticidad de las apariciones de la Virgen, y el 26 de febrero ocurrió  el primer  milagro.

Había en Lourdes  un obrero  de las canteras que veinte años atrás había sufrido una seria  lesión  en el ojo izquierdo por la explosión  de una mina. Éste  pidió a su hija que  le trajese  agua  de la nueva  fuente  y se puso a orar; aunque  el agua estaba  un poco sucia, se frotó el ojo con ella y, poco después, comenzó  a gritar de alegría: las tinieblas habían desaparecido, y de su vieja lesión no le quedaba más que una ligera nubecilla, que fue desapareciendo al seguir lavándose el ojo con el agua del manantial. Los  médicos  le  habían  dicho  que  jamás se curaría.  Al  examinarlo  de  nuevo,  no quedó duda de que la curación  había sido completa, instantánea y clínicamente inexplicable, por lo que era preciso considerarla un milagro.

El 2 de marzo, la Señora le pide a Bernadette que diga a los sacerdotes que Ella desea que se construya  allí un templo, y que se organicen procesiones.

El  4 de marzo se produce un nuevo milagro, un niño de dos  años, llamado Justino, estaba agonizando.  Desde   que nació padecía de una fiebre que había ido agotando  su vida.

Su  madre,  desesperada, lo  tomó  y  lo llevó a la fuente. El niño no daba ya señales de vida. La madre  lo metió 15 minutos  en el agua,  que  estaba  muy  fría.  Al llegar  a la casa,  notó  que  se oía  con  normalidad la  respiración del  niño.  Al  día  siguiente, se  despertó con  la tez  fresca  y viva, los ojos llenos de animación, las piernas fortalecidas, y pidió de comer.

Este hecho conmocionó a toda  la comarca,  y poco  después  a toda  Francia y Europa; tres médicos de gran fama certificarían la curación.

El 25 de marzo,  Bernadette le pregunta varias veces: “Señora, ¿quiere decirme su nombre?”  La Virgen  sonríe  y al fin, ante la continua  insistencia de la niña, eleva  sus manos y sus ojos hacia el cielo y exclama: “Yo soy la Inmaculada  Concepción”.

El 16 de julio, fiesta de la Virgen del Carmen, María se apareció  más hermosa  y sonriente que nunca e, inclinando la cabeza en señal de despedida, desapareció.

En 1876 se edificó  allí la actual Basílica de Lourdes. Bernadette fue canonizada por el Papa Pío XI el 8 de diciembre de 1933.