Braulio Fernández, a 400 años de la muerte de Shakespeare: "Los bufones son los más cuerdos de sus obras"
Miércoles 6 de abril de 2016

 

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El director del Instituto de Literatura, Braulio Fernández, ha trabajado en traducciones de las obras de Shakespeare, como Noche de Reyes y La Tempestad, que realizó junto a Paula Baldwin.

Este año se cumplen 400 años de la muerte de Shakespeare, dramaturgo autor de importantes obras cumbre de la literatura universal, como Romeo y Julieta (1595), Hamlet (1601) y Macbeth (1606).

Para conmemorar al célebre escritor inglés, instituciones de todo el mundo organizan actividades en torno a su figura, entre ellas la Universidad de los Andes, que el segundo semestre realizará un congreso internacional.

Pero también muchos especialistas se han dedicado a escribir acerca de las obras, personajes y el estilo de Shakespeare, como Braulio Fernández Biggs, director del Instituto de Literatura, quien publicó una columna en El Mercurio en la que analiza la figura de los bufones.

“En tiempos de Shakespeare, los fools o jesters (bufones o cómicos) que hacían compañía en las casas de gentes acomodadas o de la corte solían ser comediantes profesionales que adoptaban el papel de locos o personas con discapacidad mental. Para el caso de estos últimos, era la inocencia de sus payasadas lo que divertía a sus amos”, señala en la columna.

A diferencia de lo que se podría inferir, esto es, que los bufones son personajes locos, el director señala en su análisis que “los bufones de Shakespeare son siempre los más cuerdos de las obras en que aparecen. Incluso, son quienes ven lo que otros no son capaces de ver, o derechamente no quieren ver. Por cierto son graciosos, pero tras sus burlas subyace el más común de todos los sentidos y aun la racionalidad”.

Una de las teorías en torno a la figura de estos personajes es que su presencia en las tragedias obedecería a un llamado comic relief, técnica dramatúrgica consistente en ofrecerle al público un momento de solaz o “descanso” en medio de tanto suceso terrible. Es decir, intercalar escenas cómicas en una trama trágica.

 

"Sin embargo, lo cierto es que con su decir y actuar los bufones no vienen sino a confirmar, por una parte, aquello de que la risa es tan universal como la seriedad y que ambas coexisten en la vida; y, por otra, el sentimiento trágico de la existencia. Es decir, que reafirman por oposición –gracias a su desenfadado desprecio de las vanidades del mundo– el inquebrantable apego a la vida y a la alegría de vivir que late bajo lo que sí es verdadera locura y tragedia para la época isabelina: la miseria humana", agrega Fernández en su columna.