Discurso del Rector por los 28 años de nuestra Universidad

Vigésimo octavo aniversario de la fundación de la Universidad de los Andes
José Antonio Guzmán

 

 

 

8 de septiembre de 2017

 

 

"En un día como hoy, hace 28 años, los fundadores de la Universidad de los Andes depositaron sus estatutos en el Ministerio de Educación. La fecha no fue una casualidad. Se escogió el natalicio de la Virgen como un modo emblemático de acudir a su protección para la tarea que comenzaba. Exactamente tres meses después, en el día de la Inmaculada Concepción, la Universidad quedó oficialmente constituida y así pudo abrir sus puertas en marzo siguiente a los primeros alumnos —los 39 valientes que entraron a la recién formada Facultad de Derecho. La ermita del Campus es un recordatorio permanente de los cuidados que nos dispensa la Madre de Dios. Ella es el verdadero Asiento de la Sabiduría, aunque bien sabemos que, como dice san Agustín, María fue más por discípula que por madre de Jesús. La Universidad es el lugar donde todos somos discípulos de la Verdad.


En esta ocasión tan importante, quisimos pedirle al profesor Manfred Svensson, del Instituto de Filosofía, que reflexionara acerca de las universidades con ideario —tema de gran actualidad— para ayudarnos a profundizar en la misión y alcances de nuestra institución. Nos interesa mucho defender el derecho de la sociedad civil a crear y desarrollar proyectos educativos dotados de unos rasgos específicos. Consideramos que, desde este lugar, y con este ideario, podemos hacer un gran aporte a nuestro país. En esta misma línea, estamos terminando de editar un libro que analiza la institución universitaria y sus desafíos actuales, desde múltiples perspectivas. Entre los autores de los distintos capítulos, se cuentan muchos profesores nuestros. La envergadura intelectual del proyecto que dio origen a esta Universidad, y que ha ido madurando a lo largo de estos veintiocho años, es muy sólida. Tenemos que cuidarlo para que desarrolle toda su potencialidad en los años que vienen por delante.


En esta ceremonia hemos querido hacer tres reconocimientos muy importantes.


En primer lugar, rendimos un homenaje a quienes han cumplido veinte años en la Universidad. De este modo, manifestamos lo mucho que debemos a cada uno de ellos. Cada trabajo que se lleva a cabo en la Universidad, cada persona que lo realiza, es fundamental para que esta empresa común salga adelante.
Junto a este grupo, también hemos premiado por segunda vez a un grupo de profesores universitarios que han destacado por su trabajo docente, el cual ha sido reconocido por sus alumnos y por sus pares. El afán de formar buenos estudiantes está en el corazón de la Universidad.


Hace pocos días tuve la gran suerte de oír a Arnold Harberger, con ocasión de su nombramiento como Doctor Honoris Causa, por parte de la Universidad del Desarrollo. El homenajeado explicó con gran sencillez su experiencia académica. Dijo tres cosas que me quedaron grabadas. La primera es que a él siempre le movió el propósito de hacer una obra que fuera más grande que él mismo; dicho en otra forma —así lo entendí yo— que su propósito era servir más que brillar con luz propia. Luego añadió que algunos de sus escritos eran importantes, pero mucho más importantes todavía eran sus estudiantes: “mi principal obra son mis alumnos”. Finalmente habló de humildad intelectual, de estudiar y reflexionar antes de opinar. El mundo va rápido, las demandas son muchas, pero se espera del profesor universitario que madure bien sus puntos de vista antes de comunicarlos.


Cuando pensaba en estas palabras, me vino con fuerza a la mente la figura de Fernando Orrego, a quien hemos querido rendir un homenaje póstumo en esta fiesta universitaria. Creo que Fernando habría estado totalmente de acuerdo con este profesor. Renunció a una posición de gran prestigio e influencia para venir a trabajar a esta universidad, entonces naciente, porque quería contribuir a una obra que fuera más grande que él mismo. Vio aquí una estupenda oportunidad de servir. Fruto de lo anterior, es que dejó una profunda huella en sus colegas y en la infinidad de estudiantes que le tocó formar durante su vida. También en el tercer punto hay absoluta coincidencia. Su humildad intelectual le llevó a ser profundamente serio y estudioso. Nunca dijo nada sin haber ponderado cuidadosamente las consecuencias de sus planteamientos, lo que le valió un gran prestigio y un peso que trascendió nuestras fronteras. Tenemos en Fernando Orrego un modelo perenne. Es mucho lo que le debemos.


En los días pasados todos estuvimos muy concentrados en la visita de acreditación. Quisiera felicitar y agradecer especialmente a toda la comunidad universitaria por su compromiso y generosidad para participar en las distintas actividades a las que fueron convocados. Resulta conmovedor ver el testimonio de unidad que se manifestó durante el proceso. Quiero agradecer especialmente al Secretario General y al equipo de Planificación y Desarrollo por el gran trabajo llevado a cabo. Esperamos que la CNA valore adecuadamente el avance y la solidez alcanzada por nuestra universidad en estos años.


En el próximo mes de enero esperamos la visita del papa Francisco a nuestro país. Nos llena de alegría teñir de blanco y amarillo nuestros 28 años. La visita del Papa es motivo para celebrar y también una invitación a la reflexión y el cambio.


Tras la publicación de la encíclica Laudato Si, la Universidad desarrolló una serie de iniciativas que buscan hacer propio su llamado de proteger nuestra casa común. La exposición fotográfica que hoy se inaugura es parte de esa respuesta. Gracias al talento y compromiso de quince artistas visuales chilenos, hoy contamos con una colección de fotografías que muestran el modo en el que el campus universitario refleja nuestra identidad.


En la segunda parte de estas breves palabras, quisiera volver a insistir sobre la necesidad de seguir creciendo en nuestra influencia en la sociedad. Es una de las ideas maestras de la visión de la Universidad de los Andes. En ella se dice que queremos caracterizarnos por nuestra “apertura a los retos culturales y morales de la sociedad, y nuestro afán de responder a ellos con soluciones innovadoras”.
En el corazón de nuestra actividad universitaria están la docencia y la investigación y desde ese centro debemos expandirnos, como la rosa de los vientos, hacia los cuatro puntos cardinales.
Quisiera mencionar cuatro áreas de vinculación con la sociedad en las que ya estamos trabajando, y en las que seguiremos avanzando en los años que vienen. Una por cada punto cardinal.


Al norte, la innovación basada en ciencia, que hemos impulsado fuertemente en los años pasados, especialmente en el ámbito de las biotecnologías. Los resultados hasta la fecha son muy promisorios, en términos de publicaciones científicas, patentes, capacidad de atracción de fondos públicos y privados, relaciones con otras universidades y en la creación de equipos científicos de alto nivel. En los años que vienen, esperamos poder ofrecer nuevas terapias que cambien las vidas a muchas personas.


Al sur, vemos el impacto asistencial de innumerables actividades llevadas a cabo a través de nuestros programas académicos y de las actividades de voluntariado impulsadas por nuestros estudiantes. Es impresionante la huella que ha dejado la Universidad en San Bernardo desde la apertura del Centro de Salud en esa comuna: en salud odontológica, en atención psicológica y en el trabajo realizado por PROCEF, entre otras iniciativas. Otro tanto podría decirse de otros campos clínicos de las facultades de la salud, de la clínica jurídica de la Facultad de Derecho y de las prácticas llevadas a cabo por la Facultad de Educación. Junto a lo anterior, innumerables estudiantes participan, semana a semana, en trabajos de voluntariado que hacen un gran bien en las comunidades que sirven, y son un motivo de orgullo para la Universidad. Estas actividades, tanto académicas como extracurriculares, a la vez que prestan un servicio a la sociedad, son una gran escuela de formación para nuestros estudiantes. Es mucho lo que se entrega y mucho lo que se recibe a cambio.


Siguiendo con la rosa de los vientos, al oeste, esperamos que la educación continua, uno de los focos de nuestra planificación estratégica, pueda llegar a tener un impacto cada vez mayor. Cada día toma más fuerza la idea de que la educación no termina nunca. Pensamos que la Universidad tiene mucho que decir en este sentido, ya que a la formación profesional de calidad se puede sumar la mirada integradora de los saberes, sello de nuestro modelo educativo. Creo que el inmenso abanico de disciplinas que hoy cultivan nuestros profesores puede llegar a un público más amplio todavía. Con el tiempo, pasarán cada año centenares de personas nuevas por los nuevos programas que ofrecerán las distintas facultades, ensanchando profundamente la huella que la Universidad de los Andes deja en la sociedad.


Finalmente, al este, —dulcis in fundo— quisiera contarles que la Universidad pondrá en marcha un centro de investigación y análisis de la sociedad, que aborde con profundidad científica los grandes temas que se discuten en nuestros días, tales como la familia, la educación, el medio ambiente, la ciudad y la pobreza. Hoy muchos de nuestros profesores se dedican a estos temas, pero este trabajo se verá muy reforzado con la existencia de un centro interdisciplinario de investigación de alto nivel. Nuestra Universidad tiene que llegar a ser un areópago muy gravitante en el que traten con profundidad estos asuntos que tanta importancia tienen en la vida y en la felicidad de las personas.


En suma, estamos trabajando duro para que, desde el núcleo de un trabajo académico de calidad, el influjo de nuestra Universidad se expanda cada día más al servicio de Chile. La gran unidad y compromiso que todos mostramos en los días pasados son una garantía de que esos sueños se harán realidad antes de lo que pensamos.


Muchas gracias".