Profundizando en la Filosofía de la mente y en la percepción visual
“En el colegio era un alumno mediocre y había pensado estudiar Ingeniería Comercial, pero como me iba igual de mal en lo matemático que en lo humanista y me gustaba más esto, finalmente me decidí por Filosofía”, explica Sebastián Sanhueza. Claro que al oír esto uno no se imagina que habla con un Magíster Especializado en Metafísica y Filosofía de la Mente por la Universidad de Glasgow, Doctorando en Filosofía por la University College London (UCL) y, probablemente, futuro postdoctorado en la materia.

Como él mismo cuenta, al entrar a estudiar Filosofía en la Universidad de los Andes, no estaba muy seguro en qué se estaba metiendo. Y no lo supo hasta pasado el primer semestre. Sólo recuerda que las clases de Filosofía de su colegio y el tipo de preguntas que se planteaba Paltón influyeron en su decisión. “Fue una apuesta”, asegura. Una apuesta que ha rendido frutos, al igual que la apuesta que hizo al partir a Irlanda. “Hice lo que mis amigos ahora conocen como hacerse un Sanhueza, cuenta, pues fue un “acto irracional de fe que tuvo buen fin”, ya que su padre lo ayudó con un crédito bancario para estudiar el primer año y Sebastián apostó a que se ganaría una Beca Chile para pagar el crédito y los estudios siguientes. “No había razón para creerlo, pero lo logré y ahora eso es hacerse un Sanhueza”, aclara entre risas.

Mientras visita la Biblioteca de la UANDES para avanzar en las tareas que debe presentar en Londres cuando vuelva de las vacaciones de fin de año, el hermano de la profesora de la Escuela de Enfermería, Constanza Sanhueza, reconoce que fue una buena decisión ingresar a estudiar a la UANDES. “Una cosa que me sorprende es que la exigencia que se pone a un estudiante de pregrado en Londres no es mayor que en la Universidad de los Andes y eso ha sido fundamental en mis estudios, te prepara”, asegura. Al igual que los textos en inglés que se exige leer desde el principio de la carrera y la oportunidad de intercambio a Australia que tuvo durante un año mientras estaba en pregrado. Claro que confidencia que su primer aprendizaje del idioma fue a través de comics cuando era niño. “Me gustaban mucho los comics y, como no estaban en español, aprendí a leerlos en inglés”, recuerda.

Ahora habita en una residencia universitaria de la Obra junto a 90 estudiantes de Colombia, México, India, Corea del Sur, Irlanda, Finlandia, Alemania y Rumania, entre muchos otros países del mundo. Este ambiente le ha facilitado sus estudios, los que pretende continuar. “Me gustaría mucho hacer un postdoctorado porque me puedo dedicar a la investigación”, explica, “ya que por el nivel de competencia que existe actualmente, uno necesita publicaciones en buenas revistas especializadas”. Después de lograrlo volvería a Chile, probablemente al ambiente académico, aunque no descarta los colegios. “Lo positivo de la Beca Chile es que te da la posibilidad de ayudar a las personas, tiene un elemento cívico importante, porque una vez terminados los estudios eres estimulado a volver para potenciar el capital humano con las habilidades que desarrollaste”, explica. “Para una persona como yo, un ratón de biblioteca, no hay mejor manera de ayudar a la gente que haciendo lo que mejor sé hacer y compartirlo con otros”.

 

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