"Desconocimiento del griego entre teólogos del siglo XIII hacía de las traducciones latinas un verdadero telón de acero"
Jueves 11 de diciembre de 2014




La “Ética a Nicómaco” habría sufrido ciertos sesgos en la traducción que se hizo de esta obra al latín, durante la Edad Media. Esta es la tesis que busca demostrar José Antonio Poblete, egresado del Magíster en Filosofía de la UANDES, quien se encuentra trabajando en un artículo precisamente sobre este tema.

Acaba de defender tu tesis de magíster sobre la movida historia de las traducciones medievales del siglo XIII latino de la Ética a Nicómaco de Aristóteles. ¿En qué sentido puede ser ésta una tesis filosófica?

La tesis que defendí es un estudio histórico de las traducciones latinas de Ethica Nicomachea durante el siglo XIII. Es un trabajo que pertenece al ámbito de los estudios medievales y guarda una importante relación con asuntos estrictamente filosóficos asociados al famoso trabajo de Aristóteles.

De hecho, en este momento me encuentro trabajando en un artículo en el que intento probar que, en un pasaje particular de la Ética, el traductor latino mantiene una lectura sesgada de Aristóteles, afectando no sólo su traducción, sino el posterior comentario de autores como San Alberto Magno o Santo Tomás de Aquino.

Esta parcialidad del traductor –el obispo de Lincon, Roberto Grosseteste– se explica también por motivos filosóficos, pues, al tiempo que traducía el texto de la Ética, llevaba a cabo la traducción de algunos comentarios griegos al mismo texto, los cuales no podían sino afectar su propia comprensión de fondo. Por último, estos dos mismos dos autores medievales, Alberto y Tomás de Aquino, han dejado constancia documentada de su propia preocupación por la particular forma de traducir en el medioevo (palabra por palabra) y por los fragmentarios, deficientes y oscuros instrumentos de trabajo con que contaban.

Estas preocupaciones conviene tenerlas a la vista, tanto para evitar lecturas ingenuas de los comentaristas como para explicar también las distancias ocasionales entre su pensamiento y el de Aristóteles.

¿Hasta qué punto se podría decir que la recepción de un filósofo tan importante como Aristóteles está determinada por las diferentes traducciones en el medioevo?

Cuando comencé mi estudio de las traducciones, todas las implicancias filosóficas me parecían sólo hipótesis, aunque fundadas. Pero ahora, trabajando los textos de Santo Tomás y Alberto Magno, junto con las traducciones latinas con que respectivamente contaban y contrastando estos instrumentos con el “original" griego de Aristóteles, estoy absolutamente convencido de que la lectura de estos autores es en gran medida deudora de la lectura de los traductores.

El extendido desconocimiento del griego entre los teólogos del siglo XIII hacía de las traducciones latinas un verdadero “telón de acero” que impedía cualquier acceso al Aristóteles original, de quien las traducciones eran como su “fenómeno”.

Con todo, lo más notable me ha parecido el olfato aristotélico de Santo Tomás, en comparación con su maestro, san Alberto Magno. En efecto, aun cuando sólo he trabajado esta sinergia entre comentario-traducción-original en pasajes muy acotados, he podido notar cómo Santo Tomás tiende a no dejarse engañar por una traducción errada o por una lectura sesgada, enmendando (siempre con mucho respeto del traductor) los desaciertos y aportando de su propia pluma voces que eliminan la ambigüedad de ciertos equivalentes, o incluso añadiendo partículas que mejoran la traducción de valores gramaticales no existentes en el latín, como el aoristo; un lujo que la literalidad de las traducciones medievales palabra-por-palabra no podía permitirse.

¿Cómo ha sido su camino desde el Derecho, su primera carrera, hacia la Filosofía?

Aunque estudié la carrera completa de Derecho, desde el primer año me interesé por la Filosofía del Derecho y, particularmente, por la escuela clásica del Derecho Natural. De hecho, durante toda la carrera fui parte del cuerpo de ayudantes de Derecho Natural del profesor Marco Antonio Navarro, un grupo bastante nutrido, todos los cuales participábamos en seminarios y llevábamos trabajos de investigación individuales, introduciéndonos así en los estudios filosóficos con una significativa dedicación.

Además, junto con algunos compañeros tomé varios ramos en el Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Chile, fuera de todos los ramos filosóficos ofrecidos por la misma Facultad de Derecho. Una vez titulado, me vine a la UANDES como ayudante del profesor Alejandro Miranda, quien me puso en contacto con quien fue mi director de tesis de magíster, el profesor Joaquín García-Huidobro.