El saludo en la Universidad
Lunes 21 de septiembre de 2015

 

Profesor Sebastián Guerra Díaz.
Profesor Sebastián Guerra Díaz.

El “buenos días” y “hola” suelen ser las más comunes expresiones con las que cada uno de nosotros empezamos el día. Diferenciadas en su formalidad y cercanía, pretenden abrir una relación con el otro en un determinado entorno social, desde el familiar hasta el pasajero. La Universidad, acaso por su esencia, se presenta como uno de los escenarios óptimos para conformar continua y permanente relaciones interpersonales: el saludo a los compañeros de carrera, a algún funcionario o a un profesor, ciertamente podría conllevar a la formación de una relación para acercarnos a ese espacio en el que conviven discípulos y maestros, en la búsqueda constante de la verdad a la que está llamada la Universidad y la misma esencia de ser universitario.

Tal como lo relatase Jacques Le Goff, desde el origen medieval de la Universidad podemos constatar la existencia de un deber por constituir una comunidad que pretenda, por medio de la generación de relaciones y la inherente disposición al diálogo, a la búsqueda de premisas perennes y permanentes en torno a la verdad. Hoy en día esta exquisita tradición debe proseguir: es fundamental que en este espacio de convivencia, se pueda gestar la formación de profesionales, no sólo de intelectuales, sino también de personas. Es sobre este último punto donde las formas de relacionarse, como el saludo, cobran vital importancia en el proyecto del ser universitario. Desde la sociología podríamos identificar dos características del saludo: esencial y funcional. La tradición histórica del saludo apela en su esencia a elementos de paz y respeto. Basta recordar la solemnidad del saludo romano en la fase imperial de Roma, que tan tristemente fue desvirtuado en el siglo XX. En torno a la paz, las continuas expresiones que hace Cristo a sus apóstoles y al mundo son ejemplo de ello, expresándose claramente en Pentecostés: ¡La paz esté con ustedes! (Jn. 20, 19). También en otras religiones y culturas, como la árabe, el saludo está rodeado de elementos de paz: Salam Aleikum (La paz sea contigo). Por otro lado, existe la funcionalidad del saludo que se basa en la necesidad de una determinada persona por interactuar con otra. Ambas características del saludo deben estar presentes en la Universidad.

La acción de saludar es relevante pues da cuenta de la existencia de alguien, e incluso aún más: humaniza a la persona. No sólo en torno al receptor del saludo donde los beneficios de respeto y paz son más evidentes, también es con el emisor del saludo pues manifiesta su humildad al otro. Hay un enriquecimiento personal en esta “formalidad”.

Pues bien, no basta solo con el saber disciplinar en la Universidad, se debe pretender desarrollar un conocimiento sapiencial que otorgue a la comunidad universitaria la calidad de persona íntegra en base a las relaciones interpersonales, y para ello qué mejor que empezar con un saludo… Buenas tardes.

Sebastián Guerra Díaz
Profesor del Programa de Bachillerato

 

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