El Ungido Pueblo de Dios. Crisis de santos

Lunes 4 de junio de 2018

 

El Papa Francisco nos ha escrito una carta al “Pueblo de Dios que peregrina en Chile”, y en ella pide a todos que se involucren en la transformación eclesial que impulsa el Espíritu Santo: “Invito a todos los organismos diocesanos -sean del área que sean- a buscar consciente y lúcidamente espacios de comunión y participación para que la Unción del Pueblo de Dios encuentre sus mediaciones concretas para manifestarse. La renovación de la jerarquía eclesial por sí misma no genera la transformación a la que el Espíritu Santo nos impulsa. Nos exige promover conjuntamente una transformación eclesial que involucre a todos”.


Sabemos que Jesús confió a sus apóstoles la misión de ir y hacer “discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado” (Mt 28, 16-20). Una misión que es parte de la constitución de la Iglesia: un Pueblo que se forma por la fe en Jesús (bautismo) bajo la guía de sus legítimos Pastores, quienes han de estar al servicio de este Pueblo, reuniéndolo en torno a Cristo: a su Palabra (enseñándoles a guardar todo lo que Jesús enseñó) y sus Sacramentos.


En el cumplimiento de esta misión, la Iglesia se fue extendiendo por todo el mundo, manteniendo siempre la misma estructura: porciones del Pueblo de Dios delimitadas mayoritariamente por el territorio, con un Obispo (su Pastor propio) que los atiende con la ayuda de su presbiterio. Es el caso de la Iglesia en el territorio chileno, conformada por numerosas diócesis, cada una de las cuales responde a la referida estructura.


La relación entre el Pastor y el Pueblo (ordo-plebs) es, como decíamos, constitutiva de la Iglesia. Siendo así, ¿a qué transformación o renovación eclesial se refiere el Papa? En estos días han aparecido una serie de voces que propugnan numerosos cambios: más democracia en la Iglesia y menos jerarquía, terminar con el celibato sacerdotal, que el gobierno de la Iglesia se abra a las mujeres, etc. Ideas que ya existían en algunas personas y que en este tiempo se han aprovechado de introducir, al considerar que lo que se opone a ellas, es la causa de los abusos y encubrimientos ocurridos en Chile. No es el objetivo de este artículo abordar el tema de las causas, pero claramente las atrocidades cometidas (manipulación de conciencia, las conductas del grupo tristemente célebre de Rancagua apodado “la familia”, los abusos sexuales a menores, etc.) obedecen a muchas causas complejas, que no tienen que ver con la estructura jerárquica de la Iglesia, el celibato sacerdotal y el que sólo puedan recibir el sacerdocio los varones.


¿A qué transformación nos exhorta el Papa entonces? Una cosa es clara: el Papa nos pide que reine el Evangelio y, para eso, que tengamos una actitud de escucha al Espíritu Santo. No se trata de querer que el Evangelio de Cristo se adapte a este mundo, y que acarree una adecuación mundana-sociológica de la Iglesia. Es el momento del Pueblo fiel, de fidelidad al Evangelio, para que en este mundo y en la Iglesia se viva el Evangelio.


El cambio necesario no se refiere a cambiar la estructura constitutiva de la Iglesia, sino a lo que la vivifica: “Hoy sabemos que la mejor palabra que podemos dar frente al dolor causado es el compromiso para la conversión personal, comunitaria y social que aprenda a escuchar y cuidar especialmente a los más vulnerables. Urge, por tanto, generar espacios donde la cultura del abuso y del encubrimiento no sea el esquema dominante; donde no se confunda una actitud crítica y cuestionadora con traición”.  Y añade el Papa más adelante: “La cultura del abuso y del encubrimiento es incompatible con la lógica del Evangelio ya que la salvación ofrecida por Cristo es siempre una oferta, un don que reclama y exige libertad”.


Más arriba citábamos el evangelio de Mateo, específicamente el mandato “evangelizador” que dio nuestro Señor a sus apóstoles. Hoy el Papa Francisco nos exhorta a todos: al Pueblo fiel y a sus Pastores, a ser actores de dicha evangelización. A unos a saber escuchar en su labor de gobierno en servicio de los demás; a otros a saber manifestarse e interpelar. “Exhorto a todo el Santo Pueblo fiel de Dios que vive en Chile a no tener miedo de involucrarse y caminar impulsado por el Espíritu en la búsqueda de una Iglesia cada día más sinodal, profética y esperanzadora”.


El Papa nos pide algo que tiene muy en su corazón y estima del todo necesario para hacer la Iglesia. No nos olvidemos de sus palabras el día en que apareció por el balcón de San Pedro, al ser elegido Papa, en donde queda reflejada esta idea: "Y ahora, comenzamos nuestro camino: Obispo y pueblo. Este camino de la Iglesia de Roma que es la que preside en la caridad a todas las Iglesias. Un camino de hermandad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros: el uno por el otro”.


Porque la Iglesia la conformamos todos, estamos llamados a ser piedras vivas que edifiquen la Iglesia (Cfr. 1Pe 2, 5), a ser santos. Es el momento del Ungido Pueblo de Dios. Parafraseando a San Josemaría quisiera añadir que esta crisis que vivimos es crisis de santos (Cfr. Camino, 301).