Jorge Farah y su gusto por aprender

Miércoles 29 de junio de 2011. Por Fabiola García

Estudia segundo año de filosofía, se jubiló hace poco, después de 38 años de trabajo, y comenzó una nueva etapa. A Jorge Farah siempre le atrajo la filosofía y se entretenía leyendo a José Ortega y Gasset y otras historias de esta ciencia. Se considera un autodidacta, pero esta vez guiado por los profesores del Instituto de Filosofía de la Universidad de los Andes. “Aunque la madurez personal y la experiencia de vida iban a ser un aporte a mis reflexiones filosóficas, ir de la mano de un maestro tendría que ser mucho mejor”, comenta.

Jorge Farah se tituló como ingeniero químico de la Universidad Santa María en 1968, pero se dedicó a la dirección de empresas. Fue a Barcelona, España, para estudiar un máster en economía y dirección de empresas en el IESE de la Universidad de Navarra. Desde entonces, ha trabajado en muchas empresas, entre ellas Alameda AFP, Banchile Fondos Mutuos, el Banco BCI e incluso fundó la Asociación de Administradoras de Fondos Mutuos de Chile A.G. Pero la filosofía lo llamaba, incluso desde la matemática, pues hasta en la teoría de conjuntos encontró un parecido con La Disputa de los Universales, su texto favorito. “Además siempre, como gerente de edad algo madura, traté que mis decisiones empresariales estuvieran enriquecidas por un análisis más profundo y en ese sentido el pensar filosófico fue sumamente útil”, dice.

Jorge cuenta que tuvo la fortuna de conocer al profesor del Instituto de Filosofía de la UANDES, Antonio Amado, y el año pasado se matriculó. “De mi carrera lo que más me gusta, como forma, es el espacio de pensamiento libre y a la vez riguroso con que se abordan temas trascendentes e ineludibles; como materia, la metafísica y la teoría del conocimiento”, explica y afirma estar muy a gusto. “Tengo compañeros de edad más parecida a la de mis nietos que a la de mis hijos. Profesores, salvo un par de ellos, de edad como las de mis hijos. De más juventud no puedo estar rodeado. Y de ellos percibo cómo el mundo se puede ver de otro modo”, señala.

Este alumno de 68 años también comenta que comparte con su clase algunas reflexiones o puntos de vista personales propios de un hombre de su edad. “No es tema para mí el plazo, sino que Dios me dé vida y salud para continuar en lo que estoy”, dice. A los jóvenes, el ingeniero y economista recomienda la reflexión, pues con ella asegura que se irá enriqueciendo como persona en forma creciente y ganará, del mismo modo, vitalidad.

Jorge, quien tiene planeado hace tiempo publicar sus intuiciones sobre la teoría del conocimiento, aunque antes espera tener más fundamentos metafísicos, concluye que seguir estudiando más adelante se hace con gusto, sin presiones de conseguir un título. “La universidad juega un gran papel complementando nuestros deseos con la realidad de sus enseñanzas y con el crisol de sus valores”.

 

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