La familia es el lugar donde se engendra el futuro

Miércoles 29 de mayo de 2013

 

Reverendo Padre José Granados.


En el marco del tercer encuentro anual de la Red de Institutos Universitarios Latinoamericanos de Familia REDIFAM, el Instituto de Ciencias de la Familia de la Universidad de los Andes organizó el primer congreso científico en familia de esta red, junto al Centro UC de la Familia y al Instituto Berit de la Universidad Santo Tomás. La conferencia plenaria inaugural estuvo a cargo del vicepresidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia (Roma), Reverendo Padre José Granados. Basándose en un estudio de REDIFAM sobre familia y desarrollo, el Padre Granados dictó la ponencia "Familia y desarrollo: la familia, lugar donde se engendra el futuro" (PDF), para mostrar cómo la familia es la verdadera fuente de desarrollo en el bien común.

Movimiento que no permite avanzar

Tomando como base el cuento de Dino Buzzati Los Mensajeros, el Reverendo Padre José Granados ejemplificó el hecho de que “el progreso técnico por sí sólo no es verdadero desarrollo”, porque “la técnica tiene la misma capacidad para hacer el bien que el mal”. “Es necesario un progreso integral, en que sobre todo se desarrolle el hombre… El criterio para medir el desarrollo no es si va muy rápido o muy lento, sino si todas las dimensiones de la humanidad se desarrollan a la vez”, explicó. Sin embargo, a su juicio, la edad moderna entendió esto en un sentido individualista: lo importante era hacerse adulto, emanciparse de su padre y, por tanto, sería posible desarrollarse en aislamiento. “Hace falta buscar en las relaciones interpersonales el verdadero lugar del desarrollo”, destacó el Padre Granados. El sacerdote asoció entonces la idea de nuestro tiempo con la imagen del demonio del infierno de Dante: un demonio que constantemente agita sus alas, cuyo viento congela el agua que, por lo mismo, paraliza los pies de quienes ahí están. “En cierto modo, esta agitación, este movimiento de nuestra época postmoderna es esta visión: nos movemos mucho, pero parece que no hay futuro”, ejemplificó.

La paternidad amplía el futuro y fomenta el desarrollo

Esta crisis del tiempo tiene que volver a las relaciones y, sobre todo, a la imagen de la paternidad”, continuó, porque “la paternidad abre un futuro nuevo”. Citando a la filósofa Hannah Arendt y a San Agustín, el Padre advirtió que “porque hemos nacido, porque en el mundo hay natividad, entonces somos capaces en nuestra acción cotidiana de empezar algo nuevo”. “Esta es la verdadera fuente de desarrollo”, agregó, porque para los padres, “cuando tienen un hijo, es como si el futuro se prolongara… les preocupa el futuro de la sociedad, el futuro del planeta”. “El padre sabe que ahora debe dar la vida por otro y por eso solamente cuando pongamos la paternidad en el centro del progreso, romperemos esa imagen del infierno de Dante, de una acción que al final nos paraliza”, prosiguió el sacerdote.

 

Sin embargo, advirtió que debido a tecnologías como la fertilización in vitro o la anticoncepción, se está produciendo un cambio antropológico que marcará el futuro de la humanidad. Citando el libro El hijo del deseo del filósofo laico Marcel Gauchet, planteó que “el hijo ya no se concibe sino como el hijo de un deseo, todo hijo es deseado”. “Esto provoca un cambio en la identidad de la persona, porque el hijo tiene como la obligación de cumplir el deseo de sus padres, como que pesa sobre él una hipoteca”, comentó. Así, la paternidad se desvirtúa, porque “si la paternidad es sólo mi deseo, el hijo no puede aportar nada nuevo, el hijo será lo que yo quiero que sea, se perderá esa capacidad del hijo para ser un nuevo inicio y de nuevo la historia se cierra, ese futuro que creíamos abrir, se detiene”.

Nadie engendra por sí solo

A raíz de que hoy “la paternidad se confunde con una proyección del propio deseo”, el Vicepresidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II recuerda que la paternidad “no se puede aislar de la relación entre el hombre y la mujer”, porque “nadie engendra por sí solo”. Tomando en cuenta que la relación entre dos personas siempre es más que la suma de dos individuos, el padre Granados advirtió que “es en esta relación entre hombre y mujer donde se expresa esa fecundidad singular que es necesaria para todo desarrollo, para toda vida social… no reducida al propio deseo”.

Según explicó, hay dos elementos clave de esta relación que ayudan a entender el progreso. “El primero es su vínculo con la naturaleza. El hombre y la mujer se unen siempre en la realidad de lo masculino y lo femenino que ellos no han creado, que viene dado y que tiene una fecundidad que siempre les supera y nos recuerda lo importante que es la naturaleza para el desarrollo.” Como segundo punto, el reverendo padre recordó que por esta aritmética especial que tiene el amor se hace posible la capacidad de prometer. “Que sea posible decir para siempre sólo se entiende porque en el amor hay algo más, porque el amor mismo es una promesa, que nos permite entregar el futuro. De este modo el compromiso para toda la vida no es una esclavitud, sino un acto de libertad. Aquel que no tiene el futuro es un esclavo, porque vive al vaivén del presente”, comentó. En este sentido, “la promesa es el gran acto de libertad que toda la sociedad en el fondo reconoce como base de la estabilidad” y “la familia se convierte en fuente de capital social porque es fuente de promesa, porque nos permite vivir en sociedad respetando los pactos”.

La familia como centro de la educación, la economía y el bien común

Finalmente, el representante del Pontificio Instituto Juan Palo II hizo ver que “el hombre y la mujer no pueden engendrar solos, necesitan de todo el cuerpo social para generar, lo que vemos reflejado en el ejemplo del lenguaje: ningún padre y madre pueden enseñar a hablar a su hijo simplemente por sí solos, necesitan de un lenguaje que es un patrimonio social.” En esta línea definió tres aspectos importantes del desarrollo:

La educación: De acuerdo al sacerdote, muchos padres hoy dicen “no quiero influir en el niño, porque le estoy manipulando, le estoy cargando o influyendo en él de una forma abusiva porque quiero que sea autónomo, pero no me queda más remedio que enseñarle a hablar, que educarlo, que llevarlo a la escuela”. Por lo tanto, “la gran paradoja es esta dificultad para entender que al engendrar un hijo tengo que engendrarle día a día, tengo que educarle”. Por lo mismo, la paternidad responsable “significa traer un hijo ofreciéndole un sentido en la vida”, sólo así “la educación se convierte en una nueva generación, hacer que el niño, vuelva a nacer libremente de forma que él participe con su libertad”.

El bien común está unido a la familia como centro de la sociedad. “Entender la sociedad con esta imagen de la fraternidad, la liga profundamente a la familia”, destacó el expositor, pero siempre ligada al Padre. “La revolución Francesa puso la fraternidad en el centro de su proyecto de sociedad, pero era una fraternidad sin padre y terminó en esta fraternidad del gran hermano, en que al final tenemos miedo de la relación y las leyes se hacen para protegernos del otro”, recordó. Sin embargo, “en la familia el hermano entiende que el otro tiene un don único, pero no ve una amenaza, no nace la envidia, porque la unidad de la familia le hace entender que ese don del hermano es también para él”, explicó. Usando la imagen de Dante en el Paraíso, comentó que “el sol, que es Dios, irradia luz, los espejos reciben la luz, cuanto más luz recoge un espejo, más luz hay para los otros. Por eso no hay envidia, porque el bien del otro es un bien para mí”.

Desarrollo económico: “No hay desarrollo económico que no se base en las relaciones… y el centro de estas relaciones, el lugar donde se forjan, es la familia”, aseguró. “Creo que una economía que entendiese esta receptividad primera, esta fecundidad de las relaciones y de la comunión entre los hombres, animaría a las empresas a crear no sólo beneficios, sino que cada beneficio vaya unido a un valor añadido a la relación, de la empresa con la tierra, de la empresa con la familia, de la empresa con el bien común”, concluyó.