Manfred Svensson es el nuevo director del Instituto de Filosofía UANDES

Martes 28 de noviembre de 2017

Manfred Svensson, licenciado en Filosofía de la Universidad Adolfo Ibáñez y doctor en la materia por la Universidad de Múnich (Alemania), es el nuevo director del Instituto de Filosofía de la Universidad de los Andes.

Su trayectoria en la UANDES se remonta hace una década, cuando en 2007 se incorporó a la Universidad como académico especialista en filosofía medieval. Poco tiempo después, en 2009, asumió la dirección del Magíster en Filosofía.

 

Además, en 2014 se adjudicó la distinguida beca de la Fundación Alexander Von Humboldt-Stiftung, una de las más importantes del mundo, para realizar una investigación postdoctoral en la Universidad de Barmberg (Alemania).

En su recorrido como profesor e investigador ha publicado diversos artículos en revistas de prestigio, columnas de opinión en medios de comunicación y varios libros.

Solo este año publicó C.S. Lewis. Una introducción, Reforma protestante y tradición intelectual cristiana, Cartas entre un idólatra y un hereje, escrito junto a Joaquín García Huidobro, Aquinas Among the Protestants, coeditado con David VanDrunen, y también participó en El derrumbe del otro modelo, de varios autores.

Hace 10 años te integraste a la UANDES como académico. ¿Qué te atrajo de su proyecto educativo?

Si tengo que mencionar una nota distintiva, siempre me ha atraído el equilibrio con el que el conjunto de la historia del pensamiento se presenta a nuestros alumnos. Encontraría tan triste una carrera concentrada en el pensamiento contemporáneo como una limitada al medieval. Aquí tratamos a toda la historia de la filosofía como parte de una conversación viva, y eso ayuda mucho a formar el hábito de contrastar posiciones.

¿Por qué elegiste estudiar filosofía? ¿Cuándo o cómo supiste que era tu carrera? ¿Cuáles son tus autores de cabecera?

Salí del colegio sin imaginar que algo así siquiera existía. Así que fue un descubrimiento bastante gradual, gracias a haber ingresado a una carrera general de Humanidades. Si tengo autores de cabecera, supongo que serían los autores que vengo leyendo desde entonces, como Agustín o Kierkegaard. Pero la verdad es que soy de lecturas bastante dispersas.

El año pasado publicaste varios libros y, además, participaste activamente en la esfera pública con columnas y entrevistas sobre el aborto o la reforma protestante. ¿Qué relación crees que existe entre la filosofía, la política, la cultura y la sociedad?

La respuesta sencilla es que en la vida todo está relacionado. Pero el problema es que en realidad la vida moderna está caracterizada por una serie de separaciones: lógicas distintas gobiernan cada parte de nuestra vida (nuestra vida económica, nuestra vida familiar, nuestra vida recreativa, etc.). De esa escisión surgen tanto dificultades morales como ansiedades personales y colectivas, de modo que tenemos que hacer un esfuerzo consciente por explicitar los problemas.

¿Por qué es necesario establecer esta relación?

Una vez que nuestra vida se divide en una serie de esferas de vida separadas, no ocurre que cada una de ellas se comporte de modo simplemente autónomo. Lo que ocurre, más bien, es que cada una de estas esferas levanta la pretensión de supremacía: una esfera de la vida nos dice que ella representa la vida real, otra nos dice que ella es la que da sentido, y así sucesivamente. Son distintos modos de decir “yo mando”. Las disputas, en otras palabras, no se resuelven por dividir la vida humana en esferas bien delimitadas, siempre resurge la pregunta por una sabiduría que las atraviese todas.

¿Cómo se vincula tu línea de investigación con los problemas sociales actuales?

Uno de los tópicos que trabajo hace un tiempo es el concepto de tolerancia. Un ejemplo típico de lo anterior: estamos rodeados de personas que creen que tan solo con trazar bien los límites entre poder religioso y poder político, habrá tolerancia. Contra eso, diría que en la vida siempre hay conflicto, y que uno de los modos de lidiar con él es la virtud de la tolerancia. Pero ver la tolerancia así (como una virtud que trata no con cualquier diferencia, sino con diferencias objetables), requiere enraizarla a la vez en un entramado mayor de virtudes en lugar de imaginarla como omnipotente.

¿Por qué es importante que el país cuente con filósofos serios y bien formados?

Hay una clásica enseñanza platónica que viene al caso aquí: que el alma y la ciudad se comportan recíprocamente como espejos. Si los problemas de la ciudad son grandes, necesitamos gente que sea capaz de observarlos en esa versión macroscópica, pero también en la versión más fina que es el alma.

¿Cuáles son tus ideas y proyectos ahora que diriges el Instituto de Filosofía?

Tenemos algunos proyectos interesantes en mente como Instituto, pero el principal es poder seguir haciendo lo que hacemos: que alumnos y profesores contribuyan a mantener vivas las preguntas fundamentales.