¿Qué esperar de la reunión del Papa con los obispos chilenos?

Miércoles 25 de abril de 2018

 

 

 

Después de que se diera a conocer la carta que el Papa Francisco envió a los obispos chilenos, luego de estudiar el informe que recibió de Charles Scicluna, muchos han quedado con grandes interrogantes: ¿qué fue lo que pasó, ya que el Papa afirma: "He incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada"?, ¿por qué no le llegó bien la información?, ¿quiénes son los responsables?, ¿cuáles serán las decisiones que tomará? En la prensa se ha podido leer la opinión de vaticanistas, algunos sacerdotes y periodistas que predicen la remoción de varios obispos. ¿Es eso lo que ocurrirá?


¿Qué decir? ¿Qué se puede anticipar? Ante todo hay que atender a las palabras del Papa. Él ha pedido ayuda a los obispos chilenos para discernir las medidas que se han de tomar en el corto, mediano y largo plazo, con el fin de restablecer la comunión eclesial, reparar en lo posible el escándalo y restablecer la justicia. De manera que se puede prever que las resoluciones que se tomarán apuntarán a estos 3 objetivos.


Es muy importante comprender esto para no caer en injusticias, ya que, por el bien de la Iglesia en Chile, el Papa puede pedirle algo a algún obispo u otra persona, y ello no significa, necesariamente, una sanción canónica. Una pena canónica es un castigo que busca resarcir el mal causado y ayudar al culpable a recapacitar en su error para rectificar su camino (ambos aspectos hacen que la pena sea una medida plenamente pastoral). Si toda resolución que tome el Papa sobre las personas la entendemos como una pena, estaríamos juzgando como culpables a cada uno de los destinatarios de dichas medidas, y ellas bien pueden significar, simplemente, un instrumento eficaz para mejorar la comunión eclesial.


Algo análogo se podría decir de las medidas que se adopten para evitar el escándalo. En cambio, respecto del restablecimiento de la justicia, nos encontramos con una situación diferente, pues apunta a darle a cada persona lo que corresponde: a las víctimas (al resarcimiento de los daños, etc.) y a los victimarios (aplicarles la sanción correspondiente).


Quizá se podría decir que de los tres objetivos que el Papa se propone, éste último es el primordial, pues si no se consigue éste tampoco se conseguirán los demás, y porque lo primero que se debe atender son las víctimas.


El pasaje en el que el Papa se refiere a ellas, tiene una fuerza especial: “tras una lectura pausada de las actas de dicha “misión especial”, creo poder afirmar que todos los testimonios recogidos en ellas hablan en modo descarnado, sin aditivos ni edulcorantes, de muchas vidas crucificadas y les confieso que ello me causa dolor y vergüenza”.


El Papa se da cuenta de la importancia de lo que está en juego, y por eso invita a los obispos de Chile a que en “Estos días, miremos a Cristo. Miremos su vida y sus gestos, especialmente cuando se muestra compasivo y misericordioso con los que han errado. Amemos en la verdad, pidamos la sabiduría del corazón y dejémonos convertir”.


No es una labor fácil. Por eso el Papa ha pedido ayuda a los obispos y también a toda la Iglesia en Chile, para que con su oración constante obtenga del cielo las gracias que necesitan para obrar correctamente.
De nuestra parte toca, en consecuencia, rezar muy unidos al Papa, y podemos confiar que Dios sacará mucho de bien de esta triste situación.