Rector José Antonio Guzmán: "Nuestra deuda de gratitud con Monseñor Echevarría es inmensa"

Enero 2017

El Rector Honorario de la UANDES, Monseñor Javier Echevarría, durante la bendición del edificio de la Clínica Universidad de los Andes en 2013.

 

El lunes 12 de diciembre, falleció en Roma Mons. Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei y Rector Honorario de la Universidad de los Andes, a los 84 años de edad.

La comunidad universitaria se despidió de él con una Santa Misa, realizada el miércoles 14 de diciembre en la capilla de la Clínica Universidad de los Andes. Mons. Sergio Boetsch, vicario regional del Opus Dei, y el Pbro. José Miguel Ibáñez, capellán de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de los Andes, celebraron la Eucaristía para orar por su alma y como agradecimiento por su labor en el mundo. “Nos apena su partida, pero nos alegra ver que el Señor le tiene preparado ese cielo grande”, afirmó Mons. Boetsch.

“El Señor es mi pastor, nada me puede faltar” fue el Salmo elegido junto a una lectura del Libro de la Sabiduría para rememorar a Mons. Echevarría, cuyo legado reúne los conceptos de amor a la verdad, espíritu de servicio, caridad y apostolado, en palabras del vicario del Opus Dei. Durante la Santa Misa se recordó el cariño que Mons. Echevarría manifestaba por este proyecto universitario, así como su simpatía y buen humor.

 

Recuerdos universitarios sobre sus visitas
“Nuestra deuda de gratitud con él es inmensa”, asegura el Rector José Antonio Guzmán al referirse a Monseñor Javier Echevarría. “Durante 22 años siguió, con gran cariño y atención, cada paso de la Universidad. Nos guio con sus consejos y nos apoyó con sus oraciones”, recuerda sobre el interés que mantenía en el proyecto universitario. “En tres oportunidades visitó nuestro campus: en 1997 cuando estábamos recién llegados a San Carlos de Apoquindo; en 2003, en que nos visitó por unas pocas horas y, recientemente, en 2013. En ese entonces bendijo la Clínica Universitaria, que estaba a punto de abrir sus puertas. El comienzo de la Clínica fue uno de sus anhelos más queridos”, comenta el Rector.


Sobre Monseñor Echevarría
Ph.D. en Derecho Civil y Canónico, Mons. Echevarría fue ordenado sacerdote el 7 de agosto de 1955 y colaboró estrechamente con San Josemaría, fundador del Opus Dei, de quien fue secretario hasta su muerte, en 1975. Cuando Mons. Álvaro del Portillo sucedió a San Josemaría, fue nombrado Secretario General y en 1982, Vicario General.


Tras la muerte de Mons. Álvaro del Portillo, en 1994, asumió como Prelado y, por lo tanto, como segundo Rector Honorario de la UANDES. Este nombramiento recae en todos los sucesores de Monseñor Álvaro del Portillo, nuestro primer Rector Honorario, y si bien no significa ninguna responsabilidad de gobierno ni gestión, refleja el espíritu de colaboración que existe entre la Universidad y la Prelatura del Opus Dei, la que garantiza la formación cristiana que se imparte en esta casa de estudios.

En lo personal, José Antonio Guzmán recuerda a Monseñor Echevarría como una persona optimista y de muy buen humor, a quien “la broma amable le venía rápidamente a los labios, mostrando de esa forma su cariño”. “Tenía una gran magnanimidad, soñaba con el bien que la Universidad de los Andes podía hacer al servicio de Chile y nos animaba a llegar cada vez más lejos en el desarrollo de este proyecto que es la Universidad”.

Aunque el cargo de Rector Honorario no significa ninguna responsabilidad de gobierno ni de gestión, sino que es reflejo de la inspiración cristiana que orienta a esta casa de estudios, a Monseñor Echevarría se le mantenía al tanto de los avances y desafíos que enfrentaba la Universidad. “Él nos aconsejaba, como lo podría hacer un padre, siempre respetando la autonomía y la naturaleza del proyecto universitario”, explica el Rector Guzmán.

El profesor Raúl Bertelsen, quien entre 1990 y 2000 fue Rector de la UANDES, recuerda que con ocasión de su primera visita al campus en 1997, él tuvo el honor de entregarle la medalla de Rector Honorario a Monseñor Echevarría, “que la Universidad le había concedido a Monseñor Álvaro del Portillo, poco antes de su fallecimiento en marzo de 1994”. “Él alcanzó a recibir el diploma que lo nombraba a él y a sus sucesores, como Prelados del Opus Dei, la distinción de Rector Honorario de la Universidad de los Andes”, explica el actual profesor de la Facultad de Derecho, quien también compartió con Monseñor Echevarría en sus dos visitas posteriores.


“Entonces tuve la ocasión de saludarlo brevemente, momentos que ahora se agolpan como recuerdos particularmente emotivos”, comenta. “Uno se sentía acogido, porque estaba muy atento con las personas con quienes conversaba”, agrega, “y en lo personal siempre me preguntaba por mi hijo Alejandro, quien como numerario lleva 20 años viviendo en Jerusalén, donde pudo conocer al Prelado en las visitas que realizó a Israel”.

 


Raúl Bertelsen compartió con el Rector Honorario en varias oportunidades, entre ellas, en una reunión en el edificio Biblioteca en 2003.


Quien pudo compartir en numerosas ocasiones con Monseñor Echevarría fue el Pbro. José Miguel Ibáñez, capellán de la Facultad de Filosofía y Humanidades, quien destaca importantes rasgos de su personalidad.

“En sus dos visitas a la Universidad, y tanto en actos públicos como en conversaciones personales, el Prelado del Opus Dei nos transmitió un fuerte aliento de optimismo y alegría, que perdura hasta hoy y que seguirá impulsando nuestra tarea académica. A quienes lo conocimos hace más de 60 años, ese aliento de energía vital no nos extraña, porque fue parte de su fisonomía humana y sobrenatural, pero en funciones de Obispo Prelado del Opus Dei y de Rector Honorario nuestro, esa fuerza contagiosa suya adquiría una dimensión diferente, corporativa, por decirlo así”.

“En términos de principio y de mensaje, su énfasis dominante fue este: había que enseñarlo todo en cristiano, no solo las disciplinas humanísticas, sino las de todas las áreas del saber. Y esto sin confundir pero sin separar la naturaleza racional de esas disciplinas y la fe cristiana, destinada esta última a iluminar todo el saber humano desde su instancia superior.”

Visita Rector Honorario Monseñor Javier Echevarría a la UANDES

Ana Isabel Larraín, quien en 2013 era directora de Estudios de la Universidad, fue invitada a reunirse con el Rector Honorario y un grupo de personas. “Pudiendo haber sido una situación muy solemne, en cambio fue de una cercanía, amabilidad y sencillez encantadora”, recuerda con alegría. “Siempre muy simpático, tomar té con él fue una situación llena de encanto, de familiaridad”.

Y así lo sintió también el pequeño equipo que estaba empezando a formar la Clínica Universidad de los Andes, donde actualmente Ana Isabel se desempeña como directora de Cuidados y Servicios al Paciente. “Las personas que estuvieron en la bendición del edificio mantienen un muy bonito recuerdo de él y de sus palabras, porque fue muy cercano. De alguna manera, marcó el espíritu de cómo iba a funcionar esta clínica universitaria”, destaca.

Coincide con ella Gabriela Cuevas, subgerente de Servicios de la Clínica Universidad de los Andes, quien lo recuerda como “muy cercano, acogedor, siempre interesado por las personas y con una memoria extraordinaria, manifestación del cariño y preocupación por cada uno”. “La última vez que lo vimos, cuando bendijo la Clínica, lo saludamos quienes trabajaríamos en los servicios de base”, comenta, “al vernos se alegró muy manifiestamente, al menos así lo percibimos nosotras, nos transmitió su alegría por este proyecto y nos animó, diciendo que de seguro lo haríamos muy bien”.

En esa oportunidad, Gabriela le preguntó cómo mantener la ilusión de los comienzos cuando pasen los años, para no caer en la rutina. Rememorando las vivencias de san Josemaría en los hospitales que frecuentaba en Madrid y que fueron la fuerza para sacar adelante el Opus Dei, Monseñor Echavarría respondió: “Cuando trabajéis en el servicio, que sea con afecto y también con sentido sobrenatural. Que penséis que en cada cosa que pongáis, ya sea una flor, un tenedor, los pacientes sientan que no están en una clínica, pues estarán en una clínica que es una familia”.

“¿La rutina? No. Yo no concibo a mis padres –que ya están en el cielo- cansados de quererme. Estoy seguro que estaban esperando cuando volvía a casa, sin lugar al acostumbramiento. Por vuestro comportamiento y modo de actuar, podrán entender lo que será esa caridad de Dios, ese amor al que estamos llamados, donde ya no habrá pausas, donde estará el Señor volcándose con nosotros. Cada una y cada uno somos instrumentos de Dios que tenemos que llevar sin rutina ese amor a través del trabajo ordinario”, señaló en aquella oportunidad nuestro Rector Honorario.