Simposio Muerte Encefálica

 

 

 

Dentro de los expositores destacó la participación del Dr. José Masdeu, neurólogo de la Universidad de Navarra quien realizó las conclusiones sobre la muerte encefálica.

 

Los expositores, Dr. José Masdeu de la U. de Navarra y el Dr. Jorge Tapia, PUC


A continuación podrán leer una columna que escribieron los destacados médicos de nuestra Universidad, el Dr. Ignacio González y el Dr. Fernando Vergara:

 

 

 

 

Muerte Encefálica

Nos parece interesante, a propósito de las recientes afirmaciones en la prensa de la disminución de donantes para trasplantes, realizar algunos comentarios acerca de la muerte encefálica.
Tradicionalmente la muerte del individuo ha sido definida como la detención irreversible de la circulación y de la respiración. Sin embargo los progresos de la medicina han relativizado enormemente este concepto de tal manera que esta definición, si bien se puede aplicar en una mayoría de casos, no es aplicable en aquel paciente con severo daño encefálico que está conectado a un ventilador mecánico y su función cardiovascular es sostenida artificialmente con fármacos vasoactivos.
Un paso crucial en el desarrollo de la definición de muerte encefálica fue el trabajo de dos autores franceses en 1959; Mollaret y Goulon en el cual describieron, cuidadosamente, una nueva categoría de situación clínica que denominaron "Coma depasse". Enfatizaron que estos pacientes habían perdido no sólo la vida de relación sino también la abolición total de la vida vegetativa, que conllevan al paro respiratorio, alteraciones de la termo-regulación y el colapso cardiovascular si se elimina el apoyo artificial, consistente en respirador mecánico y drogas vasoactivas. Agregaron también el electroencefalograma plano como hallazgo asociado. La autopsia mostró que el encéfalo había degenerado hacia una masa necrótica (tejido cerebral muerto y desintegrado) similar a la de un cadáver cuya muerte hubiera tenido lugar varios días antes. A partir de estos hallazgos y su confirmación por otros autores se desarrollaron criterios para definir la muerte del individuo desde la perspectiva del compromiso neurológico.
Actualmente los criterios neuro-céntricos de muerte (muerte encefálica), esto es daño irreversible del cerebro y tronco encefálico, comparados con los antiguos criterios cardio-céntricos, son considerados como los más seguros que puede proveer la medicina. Una situación de paro cardio-respiratorio lleva a la muerte precisamente por daño irreversible del encéfalo. Los criterios neurológicos de muerte deben demostrar, por procedimientos clínicos y de laboratorio, la ausencia irreversible de la actividad de todo el encéfalo. A diferencia de los criterios cardio-céntricos esta irreversibilidad de la muerte encefálica es absoluta y demostrable, si los criterios son bien aplicados. En la literatura lega se confunde a menudo la muerte encefálica con los estados crónicos vegetativos, comas profundos y otras situaciones neurológica que solo tienen semejanza aparente, constituyendo situaciones netamente distintas.
La mayoría de los países tienen legislaciones que establecen criterios para el diagnóstico de muerte en pacientes que han sufrido un daño cerebral grave e irreversible donde se han perdido todas las funciones cerebrales especialmente las del tronco cerebral.
Ciertas opiniones contrarias, que provienen de algún sector de la filosofía, se han opuesto a la definición médica neurológica del estado de muerte. Consideran que el infarto cerebral total no es un signo seguro de muerte y han planteado reservas sobre los trasplantes. En el año del jubileo 2000, el Papa Juan Pablo II con su sabiduría y gran fundamentación filosófica definió la muerte de la persona como un evento único que consiste en la desintegración total de aquel todo unitario e integrado que es la persona. La muerte resulta de la separación del principio vital (alma) de la realidad corporal de la persona. Juan Pablo II reconoció que los signos biológicos que establece la medicina son un medio científicamente seguro parar asegurar que una persona está muerta, aunque el momento exacto de esta muerte deontológica no sea demostrable por la ciencia médica.
Desde la perspectiva biológica el criterio discriminante entre vida y no vida de un ser humano es función del principio unificante e integrador que da vida al individuo y la sostiene. Este principio biológico integrador está ligado en el adulto a las funciones del encéfalo completo que incluye la función integrativa vegetativa del tronco encefálico. El tronco encefálico puede ser evaluado en forma rigurosa a través de criterios clínicos y de laboratorio. El encéfalo tiene una función de coordinación en las funciones de todo el organismo esto incluye los sistemas respiratorio, cardio-circulatorio, endocrino e inmune.
En una reunión de trabajo de la Academia Pontificia de Ciencias realizada en Roma el año 2006, en la que participó un grupo de distinguidos especialistas internacionales, se refrendaron las conclusiones del documento vaticano de 1985, manteniendo el criterio de que la muerte encefálica representa la muerte del individuo.
Los autores de este artículo, siguiendo las conclusiones de los documentos vaticanos antes mencionados, somos partidarios de considerar la muerte encefálica como la muerte del individuo, pudiendo usarse el término más clarificador de "criterios neurológicos de muerte", puesto que la muerte es una sola.