Tiempos de ansiedad

José Luis Contreras P.
Director Académico

 

 


Aunque es una frase gastada, efectivamente “el tiempo vuela”. No te has dado cuenta cómo, pero ya se acerca el fin de semestre: la mayoría de los profesores ven contenidos nuevos solo hasta fin de este mes; lo típico es que en la primera semana se junio se hagan las últimas pruebas, en la segunda se entreguen los promedios y en la tercera y cuarta sean los exámenes.


Este mes se caracteriza porque ya hay resultados (notas) en todas las asignaturas y sabes perfectamente en cuáles te ha ido bien y en cuáles estás “al debe”; y este “balance parcial” te puede llevar al profundo orgullo por estar cursando un buen semestre y/o a ciertas manifestaciones de ansiedad, porque el camino se te está haciendo “cuesta arriba”.


La ansiedad surge cuando se da una mezcla de, principalmente, dos factores: por una parte, hay una situación desafiante, difícil o amenazadora; en este caso puede ser Bachillerato completo, una asignatura en particular o algún tema específico que te cuesta más. Por otra, debe haber una persona (tú, en este caso) que percibe el desafío como muy difícil, inalcanzable o, al menos, agotador.


Si la situación no es tan terrible o si tú te sientes capaz de lograr superarla, no hay ansiedad. De hecho, quizá tienes compañeros que claramente van rumbo a reprobar algún ramo, pero como no tienen “conciencia del peligro”, no manifiestan ni la menor ansiedad y siguen como si estuvieran de vacaciones.
Obviamente, ninguno de los extremos es adecuado: los que caen en una exagerada confianza, que no está basada en evidencias (sus notas hasta el minuto) están en riesgo de chocar con la realidad, con todos los dolores que eso pueda implicar. A la inversa, a quienes están demasiado ansiosos, porque tienen la sensación de que no pueden (pero sí pueden) o encuentran demasiado difícil el camino (aunque van bien hasta el minuto) es precisamente la ansiedad la que les puede jugar una mala pasada: estrés, desconcentración, angustia, temor, insomnio, etc.


Uno de los efectos de la ansiedad es precisamente que interfiere las capacidades cognitivas de la persona, por lo que puede rendir menos que en “tiempos normales” y, con esto, bajar sus notas o incluso cumplir con esas típicas autoprofecías: “¿Viste? ¡Si yo sabía que no podía!”.


Para prevenir, entonces, lo primero es reconocer la realidad: ¿cómo te está yendo en las distintas asignaturas? ¿Puedes medir tu preparación para las evaluaciones con compañeros o amigos? ¿Estás dedicando el tiempo necesario a cada ramo?


Segundo, es conveniente reconocer que “ciertos niveles” de ansiedad son sanos y normales; todo el mundo se pone un poco ansioso antes de un desafío relevante. Lo importante es que no se te escapen de las manos.


Tercero: aun cuando tu análisis objetivo de la realidad te demuestre que “estás en problemas”, todavía estás a tiempo de enmendar: todas las asignaturas de Bachillerato tienen una exigencia creciente. Esto significa que a medida que avanza el semestre, las evaluaciones tienen mayor ponderación, por lo que siempre se puede superar las malas notas de los primeros dos meses. Eso sí, hay que ser realista: si te ha ido mal por falta de estudio o concentración, HOY aún es tiempo para revertir la situación; a fin de mes, será demasiado tarde, en la gran mayoría de los casos.


En definitiva: mayo es un mes para “ir por más”: por mejores notas si las que tienes ya son satisfactorias o por las que te permitan aprobar, si las que has obtenido son insuficientes. Ponte un poco ansioso si estás demasiado tranquilo o haz todo lo posible por recobrar la calma si estás demasiado ansioso y eso te está haciendo mal o está bloqueando tu concentración.


Después de los exámenes, tendrás prácticamente un mes para descansar, así es que, por ahora, concéntrate en hacer tu mejor esfuerzo para que obtengas los resultados que estás esperando.