Martes 8 de Junio de 2021

Martita Viviani: “La Universidad me permitió desarrollar el proyecto de Extensión Cultural sin condiciones”

Llegó a la Universidad de los Andes en el año 2000 como directora ejecutiva de la Asociación de Amigos. Luego de cinco años asumió como directora del área de Extensión Cultural, cargo en el que estuvo más de una década y logró desarrollar emblemáticos proyectos que unieron a la comunidad con las artes, música y literatura. Hoy deja la UANDES “con la satisfacción de haber llegado a mucha gente”.

“En la gestión cultural uno se ´hace haciendo´, porque es la única manera de que las cosas salgan y que te enamores del proyecto”. Esta aseveración se ha transformado en un lema de vida para Marta Viviani, quien el 30 de junio deja la UANDES tras 20 años de desarrollo profesional y personal. Como directora de Extensión Cultural hasta abril pasado, es reconocida no solo por su equipo de trabajo, si no que también por todos quienes la han visto “con las manos en la masa” en cuanto proyecto cultural se desarrollara en la Universidad de los Andes.

Amante de la cultura, inculcada desde pequeña en su casa, estudió Artes, lo que la llevó a trabajar como profesora en un colegio de la Región Metropolitana en sus primeros años de profesional. Las vueltas de la vida la condujeron a trabajar en un banco, abriendo cuentas preferentes, donde se desempeñó por cuatro años. Sin embargo, la pasión por las artes siempre estuvo latente, lo que la motivó a buscar algo que se ligara a ella.

“Conocía a la Universidad de los Andes solo por su revista. Sabía que la Universidad tampoco tenía carreras artísticas. Yo no era periodista, profesora ni nada que me ligara al mundo de la academia, pero por cosas de la vida una amiga me contó que estaban buscando a alguien para la Asociación de Amigos y postulé”, recuerda Martita, como casi todos la conocen.

Era el año 2000 y esta artista ingresó a la UANDES para trabajar de la mano con Juan Ruiz-Tagle, entonces director de la Asociación de Amigos, con el fin de recaudar fondos para distintos proyectos de la Universidad. “Empecé a estudiar mucho sobre el fundraising y lo que se hacía en otros países, cuando vi la necesidad de agradecer a los donantes a través de programas culturales”, cuenta.

“Ahí inicié mi área de extensión cultural, desarrollando uno que otro proyecto para ellos, y aprovechando también de abrirlo al público. Y fue entonces que empezamos a trabajar proyectos de música, hicimos conferencias de actualidad, de historia del arte. Logré levantar fondos, auspicios para estas actividades, entonces tenía un presupuesto bastante amplio para poder llevar a cabo todos estos proyectos, así que fue un periodo muy enriquecedor, en el que se hicieron cosas muy bonitas, aunque era un poco extraño, porque la Universidad también tenía un área de Extensión propia”.

Uno de los proyectos que Martita llevó a cabo en esa época y que recuerda con mayor cariño fue “Noche en Viena” en conjunto con el Teatro Municipal. “Cuando llegó la producción del Teatro dije ‘no puede ser que esto sea tan feo´. Venía todo desarmado, todo era muy pedestre, pero el productor se hizo cargo y llegaron una cantidad de personas que armaron todo esto de una manera increíble y luego la iluminación dio toda la magia, y en la noche resultó un espectáculo precioso. Nunca se había llenado tanto el anfiteatro. Todavía tengo guardados algunos mails de agradecimiento de la gente que en esa oportunidad lo fue a ver. Fue una cosa sencilla, pero muy, muy bonita. Luego de armarlo dije ‘después de esto soy capaz de cualquier cosa´”.

Fue su dedicación, empuje y pasión lo que la llevo en 2005 a reemplazar a Angélica Balmaceda como directora de Extensión Cultural de la Universidad, quien asumía otro desafío dentro de la casa de estudios. “Me preguntaron si me interesaba asumir el rol, y obviamente que sí, me encantó”. Pero el desafío no solo conllevó dedicarse a su nueva área, si no que también coordinar para “sacar adelante lo que había planificado para ese año en la Asociación de Amigos y lo que había dejado planificado Angélica, lo que se sumaba a la organización de las titulaciones y otras ceremonias. Ese año fue de muchísimo trabajo”, confiesa.

Orquesta de cámara, museo y diversos proyectos consolidados

Pero el esfuerzo dio frutos, los que hoy en día, tras 15 años como cabeza del área cultural de la UANDES, se ven resumidos en anécdotas para toda la vida y diversos proyectos consolidados.

Entre ellos destacan los conciertos de Semana Santa, que si bien los inició Marta cuando trabajaba en la Asociación de Amigos, los posicionó como un emblema de la UANDES al estar bajo la Dirección de Extensión Cultural. Luego vino el turno de crear la Camerata UANDES, junto con el maestro Eduardo Browne, y diversos proyectos asociados a esta orquesta de cámara, como CamerateEduca, la Orquesta de Alumnos UANDES, los conciertos de Navidad y, en el último año, las Sesiones Camerata UANDES, adecuadas a la realidad virtual por la pandemia.

Por otro lado, están las obras y musicales. “Un proyecto de gran desgaste fue Los Miserables”, recuerda. “Duró cuatro días, fue gigante. Tuvimos que construir una escenografía en un periodo en que la Universidad estaba en exámenes y yo no había avisado con tanta anticipación de todo el ruido que iba a haber y todo el trabajo que se iba a hacer. A los pobres chicos que armaban todo no los dejaban trabajar hasta después de las 23:00 horas, que era cuando terminaba el último examen, y nosotros esperábamos que se fuera el último alumno para empezar a aserruchar, golpear, martillar, y fue de verdad una exigencia máxima. Fueron cuatro funciones con 500 personas cada una, entonces el estrés de que no fuera a suceder nada malo era tremendo”.

Pero si de historias nocturnas en la Universidad de los Andes se trata, Marta Viviani es la protagonista. “Mi trabajo generalmente partía a las 19 horas y terminaba cuando no quedaba nadie más en la Universidad. Mis grandes aliados fueron los guardias, quienes me cuidaban y contaban de todo lo que iba pasando”. Fue en una de esas tantas noches en el campus, que la entonces directora de Extensión Cultural percibió que la productora que estaba armando el escenario para un concierto estaba haciendo un asado con parrilla a carbón en el anfiteatro del edificio de Ciencias. “No me quedó otra que comer con ellos”, ríe.

Su amor por las artes la llevó también a desarrollar y consolidar el proyecto del Museo de las Artes de la UANDES, que en 2020 cumplió una década. Es por medio de éste donde se han realizado diversos programas, pero destaca en particular “Museo Educa”, el que está dirigido a profesores ya alumnos, fomentando la observación y el diálogo en torno a la colección el museo. “A mí siempre me gustó el acercamiento de las artes a los niños”, comenta Martita.

Destacan también los múltiples encuentros, conferencias, talleres y charlas que Marta ha liderado junto a su equipo. Es más, la capacidad de adaptación de dicha Dirección logró que, en 2020, bajo el marco de la pandemia, el número de asistentes a las actividades del área se cuadruplicaran en comparación con el año anterior, gracias a la transformación de sus contenidos de presencial a virtual.

“Este periodo ha sido de muchas emociones encontradas”

“Cuando llegué a la Universidad estaban mis siete hijos estudiando, los más chicos en el colegio. Ahora que me voy de la Universidad hay seis casados y 15 nietos”, resume ad portas de dejar su vida profesional en el campus.

¿Pero cómo ha sido la etapa de dejar ‘su segunda casa’, como ella le llama? “Este periodo ha sido de muchas emociones encontradas. De felicidad, de cariño, de añoranza, de dejar una institución en la que he estado dos décadas, dejar personas, dejar equipos”, comenta, “pero me voy con la satisfacción de haber llegado a mucha gente con algo que siempre quise, que quiero seguir traspasándolo, porque si bien el conocimiento lo tiene uno, está hecho para traspasarlo”.

“Me llevo mucho cariño, un grupo de personas con las cuales pude formar equipos y amigos. Me llevo el agradecimiento de la institución, y que mi mayor logro fue que la Universidad me permitió desarrollar el proyecto de Extensión Cultural sin condiciones, aceptando mis errores”.

Por otro lado, Martita agradece a su familia por todo el apoyo entregado en estos años. “Sin ellos no lo hubiera podido hacer”.