Miércoles 25 de Marzo de 2020

“Obligados” a innovar: Columna de Hernán Corral

Columna del profesor de la Facultad de Derecho, Hernán Corral, en la que reflexiona sobre los desafíos académicos en tiempos de emergencia sanitaria en el país.

En estos días en que los profesores de la UANDES hemos tenido que cambiar drásticamente la forma en que, –algunos por muchos años–, hemos dictado nuestras clases, me recordé de una anécdota que me ocurrió cuando recién comenzaba mis estudios de Doctorado en Derecho en la Universidad de Navarra hacia fines de los años 80’. 

Eran los tiempos en que Steve Jobs estaba revolucionado la industria de los computadores, y hacía unos años que había sacado al mercado el computador personal de Apple que llamó Macintosh. Los ofreció a precio módico a entidades educacionales y muchas universidades los adquirieron, entre ellas la Universidad de Navarra que por esos días estaba iniciando su primer Laboratorio de Computación. El Mac permitía que uno escribiera documentos almacenándolos en disquetes que cada uno portaba consigo y que se insertaban en una ranura de la máquina para grabar los documentos. Yo había trabajado ya con uno de ellos en Chile, y cuando vi que se podían usar estos computadores en la Universidad, me convencí de que debía escribir así la tesis doctoral desechando la recurrida y, por entonces casi única vía, de la máquina de escribir.  

Repentinamente me asaltó una inquietud: ¿podría, mi director de tesis, don Francisco Sancho Rebullida, –renombrado catedrático de Derecho Civil en España, ya mayor, cercano a los setenta–, comprender que quisiera redactar mi tesis en computador? Con temor reverencial fui a conversar con él a su oficina en la Biblioteca e intenté explayarme sobre las ventajas que tenía el Mac por sobre la máquina de escribir, pero no pude seguir. Con su sonrisa benevolente, me interrumpió para decirme que por cierto que debía usar computador, y que él ya tenía un Mac en su casa, que había tomado clases y lo usaba para escribir todos sus textos. Quedé muy sorprendido: el maestro me había dado una valiosa lección: nunca hay que quedarse atrás en los avances de la ciencia y la tecnología que ayudan a hacer mejor nuestra labor, por mucho que ya estemos habituados a hacerla con medios tradicionales que nos acomodan más.  

En mi ya larga experiencia docente, he ido incorporando estos nuevos medios; primero vinieron las diapositivas, luego las transparencias, más adelante las presentaciones en power point y el uso de videos proyectados a través de los medios audiovisuales que se incorporaron a las aulas. También aprendí a usar estas tecnologías informáticas para cursos en línea, primero con la plataforma Moodle, y ahora con Canvas. Reconozco, sí, que mi uso de estas tecnologías era más bien limitado y gradual, ya que he mantenido el método de la clase magistral con la participación activa de los alumnos, que me parece se acomoda más a la materia que enseño y a mi estilo personal. Tengo colegas en la Facultad de Derecho que han innovado mucho más que yo, y de hecho utilizan Canvas para hacer foros, hacer evaluaciones, pruebas o exámenes, subir presentaciones de power point con audios incorporados, etc. 

Pero, he aquí que imprevistamente la emergencia sanitaria de la pandemia del conavirus nos obliga a suspender todas las actividades presenciales y el Centro de Innovación Docente, dirigido por el gran promotor en nuestra Universidad de los Andes de las nuevas metodologías de la enseñanza, Juan Nagel, comienza a ofrecernos lecciones virtuales sobre cómo usar Canvas para dar nuestras clases on line. Me acordé, entonces, de mi maestro, don Paco Sancho, y me dije no podemos quedarnos atrás: hay que innovar, aunque sea apremiados por la situación de crisis.   

Al día de hoy ya he hecho cinco clases por el modo conferencias de Canvas, he subido apuntes y esquemas a los alumnos y he coordinado un foro de discusión. Los alumnos participan a través del chat, e incluso les hago preguntas para que me contesten y así verificar que están entendiendo la materia.  

Los veo a todos muy animados y comprometidos con su formación, me atrevería a decir que incluso más que lo que uno observa en las clases presenciales. Los alumnos me dicen que casi todos los profesores están dando clases por este medio, lo que significa que la comunidad docente de la UANDES ha escuchado rápidamente el llamado del Rector y las autoridades superiores a mantener nuestro espíritu de servicio y la preocupación por los estudiantes.  

Aunque “obligados” por las circunstancias, estamos con el entusiasmo del que descubre nuevos mundos; contentos de aprender a usar las nuevas tecnologías y así enriquecer nuestros métodos de enseñanza y ser mejores profesores.  

Pasada la crisis, habrá que integrarlas a las clases presenciales, porque como se dice por ahí: ya nada será igual. Será mejor, agrego yo. 

Hernán Corral Talciani