Miércoles 19 de Junio de 2019

Rector José Antonio Guzmán: “Lo hecho hasta ahora es solo una pequeña fracción de lo que estamos llamados a hacer en el tiempo”

En el concierto del trigésimo aniversario de la Universidad de los Andes, el Rector habló sobre el cultivo del arte y del sentido de la belleza para elevar nuestra mirada a futuro.

Un discurso centrado en agradecer a todos quienes han hecho posible el desarrollo de la Universidad de los Andes, aportando de manera desinteresada su conocimiento y profesionalismo, ofreció el Rector José Antonio Guzmán en el “Gran Concierto 30 años”, interpretado por la Camerata UANDES, bajo la dirección del profesor Eduardo Browne.

En la ocasión, donde se estrenó la obra “Andes… en tiempos de Huayno”, pieza del compositor chileno-francés Edgardo Cantón comisionada para el aniversario de la casa de estudios, el Rector se dirigió a los invitados, haciendo un breve repaso por la historia de la universidad. Y recalcó, además, que el cultivo del arte siempre se ha hecho presente, tal como en esta celebración de 30 años, donde la música fue la protagonista.

“Verdad y la belleza van siempre de la mano…  El cultivo del arte, la belleza del campus y del paisaje circundante crean un ambiente propicio para nuestro trabajo de docencia e investigación”, aseguró el Rector en su discurso, el que invitamos a leer y reflexionar:

Concierto del trigésimo aniversario de la Universidad de los Andes (12 de junio de 2019)

La Universidad se apronta a cumplir 30 años de historia y hemos pensado que la música y el arte no podían estar ausentes de esta fiesta. Creemos que son parte fundamental de nuestra tarea al servicio de la sociedad porque, entre otras razones, eleva a las almas a un estado propicio para la contemplación y la gratitud.

Comencemos por la gratitud. Este concierto es una forma de agradecer todo lo que hemos recibido en estos años pasados. Aunque la recomendación parezca venir de cerca, pienso que la Universidad de los Andes es una gran maravilla. Les ruego perdonen esta exultación, pero estamos en un momento festivo. Para todos es claro que lo hecho hasta ahora es solo una pequeña fracción de lo que estamos llamados a hacer en el tiempo, pero no podemos sino alegrarnos por lo realizado en estas tres primeras décadas.

Gratitud en primer lugar a Dios. Esta institución ha sido impulsada para su servicio, a través del servicio que prestamos a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. En la placa que se ha colocado en la plaza central, se dice que Dios cuida las obras que los hombres hacen en su servicio. Se han logrado muchas cosas gracias a las incontables horas de trabajo de muchas personas, pero sin la asistencia de Dios, esto habría sido sencillamente imposible. Detrás de este campus, de estos edificios, y sobre todo de estas actividades académicas, hay mucha fe, que a veces pasa escondida.

Dicho lo anterior, son muchos quienes han ayudado con gran generosidad a levantar esta empresa. Personas que han puesto a disposición de la Universidad cantidades muy importantes de dinero, en forma totalmente desinteresada; o más bien interesadas en el servicio de nuestra patria. Profesores que han preparado sus clases con esmero, seguros de que ese esfuerzo haría una diferencia en sus estudiantes; investigadores que han movido con valentía y audacia las fronteras del conocimiento de sus disciplinas; administradores que, con gran rectitud, y muchas veces con gran discreción, han puesto sus mejores talentos al servicio de la academia y de la misión de nuestra institución. También tenemos que manifestar nuestra gratitud a los estudiantes que han pasado por nuestro campus, quienes han confiado en nosotros y que hoy están repartidos por toda la geografía trabajando con gran competencia. Quisiera recordar con especial cariño a todos quienes llegaron a estudiar a las sedes de Bustamante y Ejercito porque su confianza en nosotros tiene más mérito aún. Un conocido profesor español calificó la entonces sede de Ejercito como un chiringuito, chiringuito que a nosotros nos llenaba de orgullo y al que nos referíamos como el “Palacio Piwonka”. Es cierto que era bastante pobre, pero era la manifestación plástica de la gran locura que fue entonces comenzar con la primera facultad de Medicina de una universidad privada.

Decía que la música nos lleva a la contemplación. En este sentido, decía el Papa Benedicto XVI, “Estoy convencido de que la música es realmente el lenguaje universal de la belleza, capaz de unir entre sí a los hombres de buena voluntad en toda la tierra y de hacer que eleven su mirada hacia las alturas y se abran al Bien y a la Belleza absolutos, que tienen su manantial último en Dios mismo”. Este concierto y la música que nos entrega la Camerata de la Universidad de los Andes nos dispone muy bien para nuestra tarea académica porque nos hace levantar la mirada y soñar con lo que vendrá. Quisiera agradecer muy especialmente el trabajo del profesor Eduardo Browne y de todos los músicos de la Camerata, por este concierto y por lo hecho a lo largo de los años pasad

Pablo VI decía del arte en general que “este mundo, en el cual vivimos, necesita belleza para no precipitar en la desesperación. La belleza, como la verdad, es lo que infunde alegría en el corazón de los hombres, es el fruto precioso que resiste a la degradación del tiempo, que une a las generaciones y las hace comulgar en la admiración. Y esto gracias a vuestras manos… Recordad que sois custodios de la belleza del mundo” (Enchiridion Vaticanum, 1, p. 305).

Verdad y belleza van siempre de la mano. Si San Pablo VI decía a los artistas que eran los custodios de la belleza, nosotros tenemos la tarea de descubrir y custodiar la verdad. Pero una y otra se reclaman.

El cultivo del arte, la belleza del campus y del paisaje circundante crean un ambiente propicio para nuestro trabajo de docencia e investigación, pero el asunto es más profundo. Dice Dostoyevski: “el hombre puede vivir sin ciencia, puede vivir sin pan, pero sin belleza no podría seguir viviendo, porque no habría nada más que hacer en el mundo”. Nuestra universidad conecta profundamente con esta aspiración de trascendencia, de ayudar a dar sentido.

Creo que todos soñamos con poder tener algún día una facultad de arte. Ya llegará. Por ahora, nos ilusiona mucho llevar a cabo actividades como ésta, que son muchas a lo largo del año. Contribuimos con un ganito de arena a elevar los corazones de muchas personas. La Dirección de Extensión hace un trabajo fantástico en este sentido y le estamos muy agradecidos.

Para terminar, quisiera agradecer nuevamente a cada uno su aporte a la Universidad de los Andes a lo largo de estos años, así como haberse hecho el tiempo para unirse a esta sencilla celebración, que hemos preparado con gran cariño.

José Antonio Guzmán

Rector