Lunes 17 de Noviembre de 2025

80% de los chilenos espera un terremoto mayor a 7,5 pero solo el 10% está preparado para una emergencia

Según un sondeo realizado por la Facultad de Ingeniería y Ciencias Aplicadas, un 20% de los encuestados ancla los estantes, un 27% no cuelga cuadros sobre la cama y el 37% no ubica objetos pesados en altura.

Chile es uno de los países más sísmicos del mundo, con más de siete mil movimientos telúricos al año, lo que equivale a cerca de veinte temblores diarios, muchos de ellos imperceptibles. Sin embargo, y pese a esta actividad constante, un estudio reciente evidenció que la preparación ciudadana frente a un gran terremoto sigue siendo considerablemente baja.

El sondeo fue realizado por la Facultad de Ingeniería y Ciencias Aplicadas, en conjunto con Tú Influyes, y se aplicó en 1.425 personas mayores de 18 años, desde Arica hasta Punta Arenas, pertenecientes a todos los grupos socioeconómicos y reveló una brecha importante entre la percepción de riesgo y las medidas preventivas adoptadas en los hogares. Mientras un ochenta por ciento de los encuestados cree que ocurrirá un terremoto superior a magnitud 7,5 solo un 10% afirma estar preparado para una emergencia.

El estudio de opinión muestra que apenas un 12% cuenta con una mochila de emergencia, un 20% ancla sus estantes, un 27% evita colgar cuadros sobre la cama y un 37% por ciento opta por no ubicar objetos pesados en altura. Para José Antonio Abell, académico experto en ingeniería antisísmica de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Aplicadas, este contraste resulta preocupante. Según explica, en un terremoto los mayores riesgos suelen provenir de elementos no estructurales, como objetos que caen y pueden provocar lesiones. Por ello insiste en que la prevención más básica es, muchas veces, la más efectiva.

El sondeo también indagó en la percepción sobre los lugares más seguros dentro del hogar. El 54% de los consultados considera que ubicarse bajo el umbral de una puerta es la mejor alternativa, creencia más frecuente entre personas mayores y quienes viven en casas construidas en terreno plano. Abell aclara que esta opción solo sería válida si el dintel corresponde a un elemento estructural resistente y precisa que, ante la duda, lo más seguro es buscar una mesa firme y protegerse debajo, manteniéndose lejos de elementos que puedan caer. En departamentos recomienda abrir la puerta principal para evitar que se trabe y nunca usar el ascensor. Si la caja de escaleras está rodeada de muros, puede servir como refugio, aunque no se debe descender hasta que termine el movimiento fuerte. “Es clave conversar estas medidas en familia, para que todos sepan cómo actuar ante una emergencia”, enfatiza.

El análisis muestra además que ubicarse bajo una mesa resistente es mencionado solo por entre un 13 y un 21% de los encuestados, dependiendo del tipo de vivienda. En edificios situados en pendiente, las respuestas se diversifican hacia alternativas como la caja escala o incluso la tina del baño, lo que evidencia que la arquitectura del entorno influye en la percepción de seguridad.

En cuanto a la percepción de riesgo y confianza estructural, la zona centro del país concentra la mayor sensación de amenaza con un 87%, pero al mismo tiempo registra uno de los niveles más altos de confianza en la resistencia de las viviendas. En contraste, en la zona costera, donde la percepción de riesgo baja a 77%, la desconfianza estructural aumenta y un 16% declara sentirse poco o nada confiado frente a un sismo de gran magnitud. Las diferencias socioeconómicas también son claras: un 61% del grupo ABC1 afirma sentirse muy confiado en la resistencia de su vivienda, cifra que cae al 26% en el grupo E.

Las expectativas sobre lo que debe garantizar la normativa sísmica también varían. Mientras los sectores de mayores ingresos esperan principalmente que los edificios no colapsen, quienes pertenecen a grupos de menores recursos priorizan que sus viviendas se mantengan habitables después de un terremoto.

Para Abell, estas cifras revelan un desafío urgente. “Chile tiene reconocimiento internacional por su ingeniería antisísmica, pero la preparación ciudadana continúa siendo baja. Persisten mitos, se aplican pocas medidas básicas de seguridad y falta educación preventiva. Necesitamos reforzar campañas y políticas públicas que aumenten la resiliencia y generen una cultura de preparación real”, concluye.



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