El estudio indaga cómo grupos autónomos y culturalmente diversos eligen de manera informal a sus líderes, poniendo el foco en la fluidez del idioma común como factor clave.
Felipe Guzmán, académico e investigador de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, se adjudicó recientemente un Fondecyt de Iniciación para su proyecto que busca comprender cómo los miembros de equipos multinacionales autónomos -aquellos que operan sin un jefe formal designado por la organización- construyen de manera colectiva e informal su liderazgo. El objetivo central es identificar los mecanismos mediante los cuales un par del equipo emerge como líder en contextos donde conviven distintas culturas, idiomas y formas de trabajo.
“El estudio surgió, en gran medida, a partir de la experiencia que viví trabajando con equipos de este tipo en Europa y en organizaciones donde la diversidad lingüística es parte del día a día. Esa vivencia me permitió observar que, en estos grupos, las jerarquías se forman con rapidez: en los primeros minutos de interacción ya se configura una estructura informal de admiración y respeto, y quien concentra mayor reconocimiento suele asumir el liderazgo”, explica Guzmán.
Los hallazgos preliminares indican que los factores individuales son los que más pesan en la emergencia del liderazgo, mientras que los factores grupales y organizacionales actúan como contexto que facilita o inhibe dichos rasgos. “Entre los elementos individuales, la fluidez en el idioma común del equipo -típicamente el inglés- aparece como el factor más relevante y es el foco central del proyecto. A ello se suman las contribuciones concretas que cada integrante realiza al trabajo colectivo y, en menor medida, ciertos rasgos de personalidad y otras diferencias individuales”, agrega el experto.
La investigación también muestra cómo las diferencias culturales impactan en la comunicación, la toma de decisiones y la legitimidad del liderazgo. Como detalla el académico, un integrante puede tener altas capacidades técnicas, pero si no logra expresarse con soltura en la lengua común, sus ideas tienden a ser ignoradas. “Y por el contrario, quienes dominan mejor ese idioma suelen ser percibidos como más capaces y reciben mayor espacio para exponer, lo que influye directamente en su poder de influencia dentro del equipo”.
Este fenómeno plantea desafíos relevantes para las organizaciones. Al reclutar personas muy competentes en su lengua materna, pero con baja fluidez en el idioma común, se corre el riesgo de perder aportes valiosos. Al mismo tiempo, quienes se comunican con mayor soltura pueden ganar influencia independientemente de la calidad real de sus ideas, generando tensiones donde la forma pesa más que el contenido. “La investigación identifica buenas prácticas orientadas a equilibrar la participación, como la introducción de mecanismos que obliguen a todos los miembros a contribuir. Además, el uso de herramientas de inteligencia artificial para traducción instantánea aparece como una vía prometedora para reducir barreras comunicacionales y emparejar la cancha en equipos multiculturales”, detalla Guzmán.