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Actualizado el Martes 21 de Julio de 2026
Cada vez que las lluvias intensas llegan a distintas zonas del país, vuelven a aparecer anegamientos, inundaciones y problemas urbanos en lugares que ya han enfrentado daños en años anteriores. Aunque cada sistema frontal tiene características propias, hay sectores donde el impacto parece repetirse una y otra vez.
La discusión, entonces, no se limita a la cantidad de agua que cae. También apunta a la manera en que las ciudades han ocupado suelos expuestos, a la falta de preparación frente a eventos extremos y a la tendencia a volver a construir en lugares donde el riesgo ya se ha manifestado.
Cynnamon Dobbs, doctora en ecología urbana y académica del Centro de Estudios Territoriales de la Universidad de los Andes (Uandes), explica que parte del problema está en la forma en que las ciudades han crecido y en la dificultad para aprender de eventos anteriores.
Creo que tiene que ver con dos cosas. Primero, con que planificamos poco las ciudades, dónde instalamos y hacemos crecer los asentamientos humanos; y segundo, con que nuestra memoria es frágil. Una vez que pasamos por este tipo de vulnerabilidades, volvemos a construir en los mismos lugares”, señala.
La especialista agrega que muchos espacios históricamente atractivos para vivir también son áreas sensibles desde el punto de vista ambiental. Sectores cercanos a humedales, bordes de ríos o laderas pueden ser valorados por su ubicación o paisaje, pero requieren mayores resguardos frente a crecidas, saturación del suelo o escurrimientos intensos.
Dobbs advierte que los eventos climáticos han existido siempre, pero actualmente se presentan con mayor frecuencia y severidad. En ese sentido, a su juicio, la preparación urbana no ha avanzado al mismo ritmo, y parte del desarrollo reciente no ha considerado suficientemente esos escenarios.
Para reducir daños futuros, la académica de la Uandes plantea que las obras tradicionales de evacuación de aguas lluvias deben complementarse con soluciones basadas en la naturaleza. Un humedal, por ejemplo, puede absorber parte del exceso de agua y aliviar la presión sobre la infraestructura construida.
“El escenario ideal es cuando uno tiene opciones combinadas. Hay sistemas de evacuación de aguas lluvias que se pueden hacer desde la ingeniería y, si eso lo combinamos con soluciones basadas en la naturaleza, como un humedal, ese sistema ingenieril tiene más flexibilidad”, explica.
El punto de fondo, menciona la experta, es dejar de enfrentar estos episodios solo como emergencias aisladas y avanzar hacia una planificación capaz de reconocer los riesgos del territorio. Eso implica mirar con más cuidado los lugares donde ya se han repetido daños y diseñar ciudades mejor preparadas para lluvias cada vez más exigentes.
Doctora en ecología urbana y académica del Centro de Estudios Territoriales.
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