Iniciado el siglo XX, ciertos arquitectos formados en Chile, pero con viajes y experiencias en el extranjero, decidieron dejar atrás el lenguaje clásico de la academia y abrazar los postulados del incipiente Movimiento Moderno Internacional, que toma fuerza en las postrimerías de la Primera Guerra Mundial.
Algunos trabajaron el Modernismo y el Art Déco, como Luciano Kulczewski, quien siguió lo que ocurría en Europa y en los rascacielos norteamericanos, sin abandonar la decoración en las fachadas ni sus imaginativas formas oníricas. León Prieto Casanova busca en la morfología del juego de rectas y curvas un nuevo lirismo, en tanto que Sergio Larraín García Moreno deja estampado en icónicos edificios el camino que va desde el expresionismo alemán de los años veinte con el Oberpaur, al funcionalismo internacional de la posguerra de los años cincuenta.
Un itinerario similar recorren Eduardo Costabal y Andrés Garafulic, con la Basílica de Lourdes. Completa este grupo Juan Martínez Gutiérrez, con edificios monumentales como la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile y la Escuela Militar, y cuya obra cumbre es el Templo Votivo de Maipú.