Durante el primer siglo de vida independiente, los gobernantes de Chile buscaron darle a Santiago una fisonomía acorde con su rol de capital de la nueva república. Para eso contrataron y trajeron al país a una serie de arquitectos europeos, con el encargo de diseñar los edificios que albergarían a las instituciones del estado. Partiendo por el italiano Joaquín Toesca, autor de la Casa de Moneda, y siguiendo con una serie de arquitectos franceses, como Brunet de Baines, Henault, Jecquier, Doyere y Joannon, estos profesionales venidos del Viejo Mundo crearon construcciones tan emblemáticas como el Teatro Municipal, la Universidad de Chile, el Congreso Nacional o el Palacio de Bellas Artes, que hasta el día de hoy marcan con su presencia el casco histórico de Santiago, y constituyen un valioso patrimonio de la ciudad.
*Incluye café y galletas.

Mariano Valdés Valdés
Arquitecto de la Pontificia Universidad Católica de Chile con estudios posteriores en la University of Westminster, miembro del Royal Institute of Architects (RIBA).
En paralelo a su práctica profesional en la oficina Tecton Arquitectura, fue profesor de taller e historia de la arquitectura (1997-2017) y Director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Andrés Bello (1989-1992).
Ha liderado proyectos de reconstrucción de inmuebles patrimoniales como las casas patronales Ana Luisa de Cunaco (Eduardo Provasoli, 1875-1880) y Puquillay Bajo (Alberto Cruz Eyzaguirre, 1938), en la Región de O´Higgins, el Palacio Eguiguren (Alberto Cruz Montt, 1918, hoy sede DUOC UC) en Santiago y la capilla de Curarrehue en la región de la Araucanía. Es autor de una monografía sobre el arquitecto chileno Borja Huidobro.