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Miércoles 19 de Agosto de 2026
Los tiempos de la investigación, el acceso a datos públicos y la dificultad para traducir evidencia compleja marcaron el debate sobre el rol que pueden jugar las universidades en la construcción de mejores políticas públicas.
Escrito por Diego Sáez
¿Cómo conseguir que una investigación académica termine influyendo en una decisión concreta del Estado? Para Joshua Goodman, profesor de la Universidad de Boston y exintegrante del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca durante la administración de Joe Biden, producir buena evidencia no basta: también es necesario saber comunicarla y lograr que llegue a quienes toman las decisiones.
El académico abordó este desafío durante una nueva sesión de “Chile en Construcción: Debates para el Futuro”, organizada por el Human Development Lab, y liderada por Andrés Barrios, académico de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. El encuentro reunió además a Gabriel Ugarte, subsecretario de Evaluación Social, y Andrea Repetto, directora de la Escuela de Gobierno UC, para analizar cómo acercar el conocimiento generado en las universidades al diseño de políticas públicas.
Goodman sostuvo que uno de los principales obstáculos está en la forma en que los investigadores transmiten sus resultados. “El mundo es complicado, pero tu trabajo es simplificarlo para las personas que tienen cinco minutos para leer lo que estás haciendo”, señaló. A partir de su experiencia en la Casa Blanca, destacó la importancia de complementar los papers con documentos breves, columnas y otros formatos que permitan transmitir rápidamente los principales hallazgos.
Desde el Estado, Ugarte apuntó a otra brecha: los tiempos. Mientras una investigación académica puede tomar años, las autoridades necesitan respuestas más inmediatas sobre si un programa funciona, a quién está llegando o cómo utilizar mejor los recursos. En ese contexto, destacó el potencial de abrir la información pública a la academia y señaló que actualmente se monitorean anualmente más de 600 programas públicos.
Repetto, en tanto, advirtió sobre el riesgo de hablar de “la evidencia” como si siempre existiera una única respuesta. La economista planteó que distintas investigaciones pueden llegar a conclusiones diferentes y llamó a considerar el conjunto de estudios disponibles, además de dimensiones que muchas veces quedan fuera de los análisis económicos.
La discusión dejó una pregunta que va más allá de producir buenos estudios: ¿qué pasa con ellos después? La experiencia de Goodman en la Casa Blanca mostró que la evidencia puede ser sólida y aun así no llegar a ninguna decisión, mientras Ugarte y Repetto pusieron sobre la mesa otras dificultades, desde los tiempos del Estado hasta las distintas interpretaciones que puede admitir una misma evidencia.
Puedes ver la presentación completa aquí.
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