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Viernes 23 de Octubre de 2026
Escrito por M. Fernanda Gana
¿Qué significa formar personas cuando la inteligencia artificial avanza más rápido que nuestra capacidad de anticipar sus efectos? Esa fue la pregunta que guió el conversatorio entre el rector José Antonio Guzmán y Nitesh Chawla, fundador y director de Lucy Family Institute for Data & Society y profesor de la Universidad de Notre Dame, realizado en el marco de RISE AI Summit Latin.
Durante la conversación, el Rector Guzmán contó que, tras su reciente viaje a España, donde participó en un encuentro de rectores de universidades chilenas y españolas, encontró un ánimo común sobre la mucha incertidumbre y ninguna receta que significa formar a estudiantes en la era de la Inteligencia Artificial. “Nadie sabe qué va a pasar con esto”, señaló, por lo que cada institución está buscando sus propias estrategias.
Aun así, hay un punto de acuerdo y es que la tarea central de la universidad es formar personas y prepararlas para la vida, no solo para una profesión. “Nuestro objetivo no es solo desarrollar habilidades técnicas, sino aquellas que la inteligencia artificial no va a reemplazar”, afirmó, y en primer lugar mencionó el juicio. Recordó, a propósito, una frase del juez de la Corte Suprema de Estados Unidos Antonin Scalia, quien visitó la universidad: “la fuerza y la inteligencia pueden comprarse por kilo, pero el sentido común es muy escaso”, afirmó el Rector.
Juicio, bien común y aprender haciendo
Guzmán se refirió también al documento pontificio presentado hace unos meses por León XIV, que propone el bien común como marco para analizar las nuevas tecnologías y subraya la importancia de discernir cuándo usar la inteligencia artificial y cuándo no.
Reconoció que esto obliga a repensar el currículo y que hoy nadie tiene la claridad para diseñarlo por completo. “Junto con la formación general, hay que preparar a los jóvenes para sus primeros empleos. Aunque las proyecciones apuntan a una menor demanda de cargos de entrada, eso todavía no ocurre”, dijo. Su propuesta es mirar la formación médica, donde existe un consenso social en que hospitales y universidades invierten tiempo y recursos para formar buenos médicos. Algo similar podría construirse en otras áreas, con alianzas entre universidades y empresas, por ejemplo estudios jurídicos, que generen comunidades de práctica. “En la Universidad de los Andes se está evaluando fortalecer la formación práctica durante la carrera, con supervisión universitaria. Al principio no va a ser rentable para las empresas, pero van a darse cuenta de que es la única manera de formar a las personas”, sostuvo.
El mercado todavía no responde
Por su parte, Nitesh Chawla planteó que es demasiado pronto para saber cómo se ordenarán las fuerzas del mercado. Explicó que la inteligencia artificial, como economía de tokens, “es un desplazamiento de nómina, no de suscripciones de software”, y que la gran pregunta será cuál es la combinación adecuada entre personas y máquinas. “Ni el mejor economista tiene una respuesta”, afirmó. Tampoco cree que vayan a desaparecer muchos empleos de entrada, sino que podría surgir una nueva forma de convivir con la tecnología.
Con una mirada histórica, recordó que las preguntas que se planteó el grupo de Dartmouth en 1955 siguen sin resolverse del todo, y que perfeccionar una tecnología toma décadas. En ese contexto, destacó el valor de saber preguntar. “Como los abogados que cobran cada consulta, todo depende de qué tan socráticos podemos ser al formular lo que queremos entender, y ahí la filosofía y las humanidades tienen mucho que aportar”, afirmó.
En la conversación explicó su punto con la experiencia de su hijo de 19 años, estudiante de segundo año en Notre Dame, quien junto a un amigo desarrolló en pocas semanas el prototipo de una herramienta para verificar con IA los datos financieros generados por otra IA. La tecnología les permitió partir, pero pronto descubrieron sus límites y la necesidad de sumar a un ingeniero. Para Chawla, fue clave que su hijo, con formación en filosofía, supiera hacer buenas preguntas y reconocer lo que no sabía.
Ambos coincidieron en que la mejor respuesta, por ahora, combina humildad con buenas preguntas. Formar personas con juicio, capaces de reconocer lo que la tecnología puede y no puede hacer, aparece como el camino más sólido frente a un futuro que todavía se está escribiendo.
El conversatorio se enmarcó en RISE AI Summit Latam, un encuentro de dos días que reunió a líderes del mundo académico, empresarial y público para conversar sobre el desarrollo de la inteligencia artificial en la región. Organizado por la Universidad de los Andes y Notre Dame, RISE resume su propósito en una IA responsable, inclusiva, segura y empoderadora, es decir, que rinda cuentas a lo largo de todo su ciclo de vida, refleje la diversidad de las comunidades, reduzca los daños y amplíe las capacidades de las personas en lugar de disminuirlas.
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