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Viernes 30 de Octubre de 2026
La Universidad de los Andes otorgó el grado de Doctor Honoris Causa a tres destacadas figuras que, a lo largo de sus trayectorias, han contribuido desde el periodismo, el derecho y la literatura: el chileno Cristián Zegers Ariztía y los profesores españoles Antonio-Carlos Pereira Menaut e Ignacio Arellano Ayuso.
En el acto de investidura del grado de Doctor Honoris Causa celebrado en la universidad, el rector José Antonio Guzmán afirmaba que se trata de “un filólogo que ha dedicado su vida a los textos del Siglo de Oro, un constitucionalista y un periodista. Tres oficios que a primera vista no se parecen, y que son tres maneras de servir a lo mismo: la palabra dicha con exactitud”.
El rector Guzmán complementa: “El filólogo restituye lo que un texto dijo de verdad, contra siglos de desgaste, de erratas y de lecturas cómodas. El constitucionalista trabaja sobre las palabras que limitan el poder, y sabe mejor que nadie que una constitución vale lo que valen sus términos, y que cuando esos términos se vuelven elásticos el poder deja de tener límite. El periodista escribe la palabra pública, la que una sociedad lee en la mañana y con la que se forma un juicio, y responde por ella con su nombre y a la vista de todos”, señala el rector.
Afirma que “en la universidad se elabora una síntesis orgánica y universal de la cultura humana, que integra la dispersión de las especialidades en la unidad radical de la verdad”, y que esta mañana no hace falta explicarla, está ocurriendo. “Tres disciplinas distintas, honradas en un mismo acto, por una misma razón”.
La universidad ha otorgado el grado de Doctor Honoris Causa en dos ocasiones a lo largo de su historia. En la primera ocasión otorgó este reconocimiento (2014), y los distinguidos fueron el abogado y doctor en derecho por la Universidad de París, Eduardo Soto Kloss y el filósofo Alejandro Llano.
El rector se dirigió a los reconocidos con el grado de Doctor afirmando que “lo único que una universidad puede dar es una palabra. Hoy esta universidad les da la suya: les dice doctores, y con eso dice que los reconoce como de los suyos, y que lo que ustedes han hecho con su vida es lo que ella quisiera enseñar a hacer. Doctor Arellano, doctor Pereira, doctor Zegers: sean bienvenidos a esta casa, que desde hoy también es la de ustedes” (ver discurso completo).
Los académicos consultados para este artículo coinciden en que, en el mundo, pocos especialistas conocen tan a fondo a los autores españoles del Siglo de Oro como Ignacio Arellano Ayuso.
Arellano nació en 1956 en Corella, localidad de 8000 habitantes del sur de Navarra. Pese a que intentó ser agrónomo, finalmente Arellano se decantó por ser doctor en Literatura Española por la Universidad de Navarra, donde es académico desde 1979. Antes fue profesor titular en la Universidad de León y catedrático en la Universidad de Extremadura.

Su especialidad es la literatura española del Siglo de Oro, en particular el teatro de Calderón de la Barca, Quevedo, Tirso de Molina y otros autores áureos. Fundó y dirige el Grupo de Investigación Siglo de Oro (GRISO) de la Universidad de Navarra, y ha publicado o dirigido cerca de 235 libros y ediciones, además de unos 400 artículos científicos. Las publicaciones han sido acompañadas por eventos realizados exclusivamente para hablar del Siglo de Oro. Así, el profesor Arellano ha llevado sus investigaciones por América Latina, Europa, Asia y África.
Arellano ha visitado Chile en varias ocasiones. Uno de los académicos con quienes trabajó fue Eduardo Godoy Gallardo, colaborador del GRISO, quien en noviembre de 2003 lo invitó a un congreso en la Universidad de Valparaíso. En el país también coincidió con la académica Mariela Insúa, quien luego viajó a Navarra para realizar su doctorado y hoy integra el GRISO.
Miguel Donoso, director del Instituto de Literatura de la Uandes, conoció a Arellano en 1999 en Pamplona, donde este corrigió su tesis doctoral sobre la novela picaresca, subgénero del Siglo de Oro español. De esa época, Donoso recuerda el rigor con que Arellano revisaba sus escritos y su extraordinaria habilidad para recortar todo lo que sobraba.
Hay, sin embargo, otro aspecto clave en su metodología: como pocos, Arellano evita caer en el anacronismo crítico de quienes atribuyen a los autores del Siglo de Oro motivaciones, ideologías y cosmovisiones del presente.
Según Donoso, es tal su dominio del léxico de hace 400 años, de los contextos geográficos y de la historia de esa época, que ello lo ha convertido en un referente mundial.
La relación de Arellano y la Universidad de los Andes existe desde antes de la creación del Instituto de Literatura en el año 2012. El director Donoso afirma que Arellano fue fundamental en la “coorganización del primer Congreso Internacional que celebramos en él, “La guerra en los textos del Siglo de Oro: España y América”, que se llevó a cabo en el año inicial del Instituto, en octubre de 2012, donde el profesor Arellano presentó una conferencia plenaria.
En noviembre de 2014 participó también en el Congreso Internacional “Mujer y literatura femenina en la América virreinal”. Ambos congresos se materializaron en sendas publicaciones: el primero en un número especial de la revista indexada Taller de Letras y el segundo en un volumen de la Colección Batihoja, publicado en Nueva York en 2015.
Durante más de tres décadas, el profesor Antonio-Carlos Pereira Menaut ha viajado a Chile, visitas que forman parte de su destacada trayectoria y que dan cuenta del profundo vínculo que lo une al país. Es, además, uno de los constitucionalistas más citados por sus pares nacionales a la hora de debatir sobre la Carta Fundamental.
Pereira nació en 1948 en Santiago de Compostela, en cuya universidad obtuvo el grado de Doctor en Derecho. Según él mismo ha relatado, ha sido “profesor toda la vida”, salvo un breve y “pedagógico” paso como juez auxiliar en una de las cortes de Galicia.

Es autor de más de 70 obras, centradas principalmente en el proceso de constitucionalización de la Unión Europea, la teoría constitucional, el federalismo y la organización territorial.
Llegó por primera vez a la Universidad de los Andes en 1992, apenas tres años después de la inauguración de la institución y de su Facultad de Derecho. Desde el inicio asumió una misión: impulsar un convenio de colaboración entre la Uandes y la Universidad de Santiago de Compostela, tarea nada sencilla si se considera el escaso vínculo internacional que hasta entonces tenía la naciente carrera de Derecho.
En 34 años, Pereira ha dictado múltiples seminarios, conferencias, clases presenciales y virtuales. Sin ir más lejos, miércoles 28 de octubre de 2026 compartió con alumnos de los primeros años de la carrera de derecho con quienes habló de la historia constitucional chilena, pero también hubo espacio para hablar de política y contingencia.
También ha sido formador de destacados abogados chilenos como Marcela Peredo, actual ministra del Tribunal Constitucional, Alan Bronfman (PUCV) y José Ignacio Martínez (Uandes).
Martínez sostiene: “Al profesor lo conocí personalmente en 1992, cuando comencé mis estudios de doctorado en Santiago de Compostela. El profesor Pereira es quien me formó como profesor de Derecho Constitucional, es mi maestro, y mi visión tanto de esta disciplina como, en general, del Derecho y de la Política, son directa consecuencia de sus enseñanzas”.
Asimismo, destaca que “ha formado directa e indirectamente a más de una decena de doctores chilenos en el ámbito del Derecho Constitucional, y ha colaborado con nuestra Universidad desde 1992, impartiendo clases y charlas, participando en seminarios, defensas de tesis doctorales”.
No obstante, el vínculo entre el profesor Pereira y Chile no se remite solo a la Universidad de los Andes. Basta con hacer un repaso rápido de sus visitas al país notar que sus enseñanzas del derecho constitucional han sido recogidas en distintas casas de estudio. Pereira ha participado en foros de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, en la Universidad Autónoma, Santo Tomás y Adolfo Ibáñez. En 2017 fue conferencista en el Poder Judicial sobre la “Importancia de la Función Jurisdiccional en Democracia”.
Hace poco más de dos años su visión del derecho constitucional fue frecuentemente revisada por expertos, periodistas y cercanos a estos asuntos a partir de los dos ciclos constitucionales que se abrieron en Chile desde el año 2020.
Así, las reflexiones del profesor Pereira Menaut quedaron plasmadas en diversos artículos de opinión publicados por el diario La Tercera y en una entrevista realizada por Tomás Mosciatti.
Cristián Zegers ha dedicado su vida al periodismo y a la contingencia nacional e internacional. Nació el 14 de febrero de 1940 y estudió Derecho en la Universidad Católica, donde en 1961 contribuyó a fundar la Escuela de Periodismo. Su papel en la creación de la escuela lo llevó a convertirse en su primer director.
En la prensa escrita fue secretario de redacción de El Diario Ilustrado; jefe de redacción y comentarista político del diario El Sur; cofundador de las revistas Portada y Qué Pasa; director de la Revista del Domingo y subdirector de El Mercurio.

Durante 25 años dirigió el diario La Segunda y, posteriormente, entre 2006 y 2018, ocupó el mismo cargo en el diario El Mercurio de Santiago.
Lillian Calm, periodista y quien fue miembro de la Junta Directiva de la Uandes, conoce a Zegers desde la época de la Universidad Católica. Con él formaron un diario de alto estándar llamado Presente. Luego, Zegers la invitó a hacer su práctica al Diario El Sur y lo más llamativo: le presentó opciones de nombre para una nueva revista en Chile “Qué Pasa”.
De los 15 años editando Qué Pasa y luego varios más en La Segunda junto a Zegers, Calm sostiene: “Era muy periodista, llegaba con mucha información, se leía todos los diarios, riguroso, se le ocurrían temas curiosos, y con mucho olfato periodístico”. Y en lo humano añade: “Tenía un gran sentido del humor, una capacidad para reírse de sí mismo, admirador de España, del historiador Jaime Eyzaguirre”.
Lilian Olivares, periodista de El Mercurio, recuerda aquellas frenéticas mañanas junto a Zegers en la redacción de La Segunda: “Le gustaba revisar personalmente algunos textos y que el reportero observara al lado. Al menos, esa fue mi experiencia cuando comencé a trabajar con él, a los 25 años”.
“En tiempos del régimen militar, nos mandaba a un ‘escuadrón’ de periodistas a calcular por manzana cuánta gente había en las marchas, porque no confiaba en las cifras oficiales. Asimismo, le daba especial atención a lo que ocurría en poblaciones. Me mandó a La Victoria o a La Legua a ir de puerta en puerta a conversar con familias”, agrega la periodista.
Una de sus coberturas más recordadas fue la del Tratado de Paz y Amistad de 1984 con Argentina, en torno al conflicto del Beagle. Zegers interceptó en Río de Janeiro a la delegación chilena que regresaba del Vaticano con el acta que lo certificaba y consiguió la exclusiva. Sin internet, sin redes sociales y mucho menos inteligencia artificial, preparó a bordo de un avión la edición especial de La Segunda.
Más tarde, ya al frente de El Mercurio, Zegers imprimió nuevos rumbos a sus ediciones. En las termas de Alto Jahuel pidió a periodistas y editores golpes noticiosos, pero de verdad, y relatos y crónicas que fueran más allá de la mera descripción de los hechos. También les advirtió que chilenos históricos son Portales, O’Higgins y algún otro, por lo que no todo suceso merece el calificativo de “histórico”. Así nació el denominado “estilo mercurial”, acuñado en las oficinas de Santa María 5542.
María Soledad Vial, editora del cuerpo de Economía y Negocios del domingo, lo recuerda así: “Un gran líder que supo contagiar a sus equipos de su pasión por la información, por el dato —‘en toda conversación siempre hay UN dato’—, una vocación que él vivía y ejercía como un reportero más. Pasé años tratando de abarcar lo que leía y veía para seguir ese voraz apetito noticioso, y por más que trasnoché, siempre me faltaba algún documental en la televisión española (quizás a las 2 de la mañana) que don Cristián comentaba en la pauta del día siguiente”.
Héctor Olave, Premio Nacional de Periodismo 2003 y exeditor de El Mercurio, coincide: “Pudimos tener puntos de vista diferentes respecto del tratamiento de una noticia, pero siempre atendía argumentos, que, con frecuencia, los buenos, los aceptaba. Todos los reconocimientos recibidos, así como los homenajes por venir, son, a mi juicio, enteramente merecidos”.