Durante las vacaciones se suele comer más de lo habitual,
alimentos con mayor aporte calórico y a deshora. Por esto a partir de marzo,
volver a la rutina habitual incluye ordenar la alimentación, tanto de niños
como adultos. A continuación, la nutricionista y académica de la Escuela de
Nutrición y Dietética de la Universidad de los Andes, Carolina Pye, entrega
algunos consejos:
¿Qué alimentos debieran priorizarse para ordenar la
alimentación diaria luego de las vacaciones?
Ya que en las vacaciones el “desorden” generalmente
corresponde a mayores volúmenes de alimentos (platos más grandes) y cambios en
la selección (se comen alimentos menos habituales y que, por lo general, son
más calóricos), la recomendación es volver a los horarios, cantidades y
alimentos habituales, incorporando en los tiempos de comidas verduras, frutas y
cuidando la hidratación con suficiente agua.
¿Hay alguna receta para hacer una transición más suave y así
evitar dietas radicales?
La transición se puede hacer, por
ejemplo, incluyendo ensalada en ambos tiempos de comida, en la que se incluyan
al menos dos verduras de distintos colores y cambiar alimentos procesados por
aquellos hechos en casa. Las dietas no son útiles para reestablecer la
alimentación normal ya que por lo general excluye alimentos habituales y suelen
tener efecto rebote (se deja la dieta y se recupera gran o más peso del que se
había perdido).
En el caso de los niños, ¿cómo ayudarlos a ordenar su
alimentación?
Los padres en esto son
fundamentales ya que es más fácil seguir el ejemplo. Ayudándolos a realizar los
tiempos de comida que corresponden de acuerdo a la edad, ofreciendo
alternativas entretenidas y que incentiven el consumo de verduras, cereales
integrales y frutas de forma importante. Por ejemplo, ofrecer frutas como una
colación, pero en forma de ensaladas o tuti fruti en vez de la fruta
entera que puede ser menos atractiva.
¿Cómo hacer para que esta
dieta o estilo de alimentación se pueda mantener a lo largo del año?
Una alimentación saludable no
tiene por qué ser una “dieta” como sinónimo de restricción y sacrificio, todo
lo contrario, debe ser una alimentación que la persona disfrute y sobre todo
genere saciedad. Para esto es fundamental incluir alimentos que contengan agua
y fibra de forma importante y, sobre todo, alimentos que a la persona le gusten
y que a la vez sean nutritivos, es decir, ricos en nutrientes. Incluir
vegetales, granos, legumbres y frutas, pero también alimentos como pescado,
huevo, lácteos y grasas de buena calidad.