Suscríbete a nuestro Newsletter
y mantente informado de todo
Te puede interesar:
Te puede interesar:
Te puede interesar:
Te puede interesar:
Martes 20 de Mayo de 2025
Patricio Pliscoff diseñó un marco metodológico único que cruza tres variables clave: geodiversidad, biodiversidad y la velocidad del cambio climático. Aplicado a todo el territorio continental, este enfoque permitió identificar macrorefugios.
Escrito por Universidad de los Andes
Frente al acelerado impacto del cambio climático, el académico Patricio Pliscoff, investigador del Centro de Estudios Territoriales de la Universidad de los Andes, ha desarrollado una innovadora herramienta para identificar zonas que pueden servir como refugios climáticos a lo largo de Chile. El proyecto, financiado por Fondecyt y denominado “Climate-Change Refugia: A new biogeography tool for spatial prioritization of Chilean ecosystems”, marca un antes y un después en la planificación de la conservación ambiental en el país.
Los refugios climáticos son áreas que, por sus condiciones geográficas y climáticas, pueden atenuar los efectos del cambio climático, ofreciendo resguardo a especies vegetales y animales.
“Hoy, muchos ecosistemas y especies se ven forzados a desplazarse hacia zonas más frías o húmedas debido al aumento de las temperaturas y la disminución de las lluvias”, explica Pliscoff. Identificar estos refugios es crucial para proteger la biodiversidad en un país tan diverso y al mismo tiempo vulnerable como Chile.
Se diseñó un marco metodológico único que cruza tres variables clave: geodiversidad, biodiversidad y la velocidad del cambio climático. Aplicado a todo el territorio continental, este enfoque permitió identificar macrorefugios, por ejemplo, en la Patagonia, donde muchos coinciden con bosques nativos primarios que se mantienen casi inalterados por el ser humano.
En la zona central de Chile, los hallazgos son más alarmantes: el 95% de las áreas con alto valor como refugios climáticos no están protegidas oficialmente. “Esto significa que zonas clave para el futuro de nuestra biodiversidad siguen sin reconocimiento ni resguardo legal”, advierte Pliscoff.
El caso de los Bosques de Zapallar
Una parte fundamental del estudio se centra en los Bosques de Zapallar, en la Región de Valparaíso. En este enclave único, el equipo instaló una red de 100 sensores microclimáticos que recolectan datos durante 10 años. Estos sensores permiten identificar microrefugios, sitios específicos que albergan condiciones climáticas favorables incluso a escalas de pocos metros.
La investigación también incluyó cámaras trampa para monitorear fauna, recolección de insectos (entomofauna), y un exhaustivo levantamiento de flora y vegetación en más de 150 sitios. “Este trabajo no solo genera un mapa actual de la biodiversidad, sino que nos permite comparar con registros de hace 40 años y observar cómo ha cambiado el paisaje”, explica Pliscoff.
Además, se instaló una estación meteorológica y un sistema de medición de la camanchaca costera, en colaboración con el Centro del Desierto de Atacama de la Universidad Católica. Estos datos serán clave para entender cómo la humedad del mar contribuye a mantener vivos estos ecosistemas.
Impacto en políticas públicas
Uno de los grandes logros del proyecto es que sus resultados ya están siendo incorporados en políticas públicas. La nueva ley del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas incluye por primera vez el concepto de refugio climático, y el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático en Biodiversidad establece una meta para 2029: incorporar refugios climáticos en al menos un instrumento de conservación legal.
“Esto abre la puerta a que tanto el Estado como organizaciones privadas y comunidades locales puedan actuar con herramientas concretas”, comenta Pliscoff.
Con este trabajo, Pliscoff y su equipo no solo avanzan en la ciencia de la conservación, sino que promueven un cambio en la forma en que Chile planifica y protege su patrimonio natural. “La conservación hoy no puede ser estática. Necesitamos herramientas dinámicas, informadas por la ciencia y que dialoguen con la sociedad. Los refugios climáticos nos ofrecen una esperanza concreta frente al cambio climático”, concluye el investigador.
y mantente informado de todo
Este proyecto, desarrollado por investigadoras de la Facultad de Enfermería y Obstetricia, tiene como propósito adaptar e implementar un modelo de calidez que permita asegurar que toda la atención brindada por el personal de salud de la Teletón cumpla con los más altos estándares humanos y profesionales. La iniciativa surge a partir de la necesidad de preservar el sello institucional en un contexto de constante recambio de personal, garantizando que la cultura de cercanía, respeto y acompañamiento que caracteriza a Teletón se mantenga de manera transversal en todos sus centros. Para ello, el equipo trabaja en la adaptación cultural de la Escala de Calidez, una herramienta validada internacionalmente, pero que requiere ser ajustada a la realidad, prácticas y valores propios de la Fundación.
Con este trabajo, se espera fortalecer y potenciar la experiencia de cuidado, generando evidencia que permita evaluar la calidad del vínculo entre profesionales y pacientes, y promover prácticas coherentes con el espíritu de la institución. La investigación considera un pilotaje en los Institutos Teletón, desarrollado en colaboración con equipos internos, lo que permitirá identificar oportunidades de mejora y asegurar que el modelo se integre de manera efectiva en los procesos clínicos. En última instancia, el proyecto busca contribuir positivamente a la recuperación de los pacientes, reconociendo que el trato cálido, respetuoso y humano es un componente fundamental en la rehabilitación y en la construcción de experiencias de atención significativas para niños, jóvenes y sus familias.
centros participantes
expertos involucrados
profesionales involucrados