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Actualizado el Lunes 24 de Agosto de 2026
El aumento de la sífilis en Chile, también presente en personas mayores de 60 años (con tasas que se han duplicado en mujeres de este grupo y más de 1.500 casos registrados en personas mayores), visibiliza una realidad desatendida: la salud ginecológica exige prevención y continuidad del cuidado.
El principal desafío es erradicar los sesgos edadistas. Persiste la creencia errónea de que tras la menopausia el control ginecológico deja de ser necesario o que la mujer mayor no tiene vida sexual. Estos prejuicios impiden pesquisar factores de riesgo y, por consiguiente, una atención oportuna.
Fortalecer los controles preventivos en esta etapa es indispensable. La evaluación periódica no solo atiende la salud sexual, sino que resguarda el bienestar integral de la mujer mediante la pesquisa oportuna de las afecciones del piso pélvico, la prevención del cáncer de mama y ginecológicos y otras patologías prevalentes. Este enfoque garantiza un acompañamiento continuo a lo largo de la vida.
Frente al envejecimiento poblacional, la gerontomatronería cobra fuerza como un pilar clave en la salud pública. Teniendo un rol clave para garantizar esta continuidad, ofreciendo un espacio seguro, educativo y libre de edadismo.
La menopausia no marca el fin de la atención ginecológica. Promover controles continuos e integrales en la mujer es defender su autonomía, dignidad y calidad de vida.
Lissette Hormazábal, académica de la Escuela de Obstetricia y Puericultura.
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