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Miércoles 10 de Junio de 2026
El conversatorio abordó los desafíos éticos de la inteligencia artificial desde la dignidad humana, el discernimiento y el bien común.
Escrito por Trinidad Larraín Muñoz
La Universidad de los Andes realizó el conversatorio “Magnifica Humanitas: la Universidad y el desafío de custodiar a la persona humana”, instancia que reunió a autoridades y académicos para reflexionar sobre los desafíos que plantea el desarrollo tecnológico, especialmente la inteligencia artificial, a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia.
En la actividad participaron Luis Romera, Ph.D. y profesor de Filosofía, ex rector de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz; Matías Petersen, decano de la Facultad de Ciencias Sociales; y Marcela Vergara, directora académica del Centro de Estudios Generales.
El conversatorio partió con las palabras del rector de la Universidad, José Antonio Guzmán, quien destacó que la encíclica ofrece una oportunidad para revisar los fundamentos desde los cuales se observa el mundo contemporáneo. Como una de las imágenes más significativas del documento, mencionó el contraste entre la Torre de Babel y la reconstrucción del muro de Jerusalén. Ambas construcciones son fruto de las capacidades humanas, señaló, pero responden a propósitos distintos: mientras una representa el intento de construir un mundo sin Dios, la otra simboliza la reconstrucción de una comunidad.
Asimismo, se refirió al momento que vive el desarrollo tecnológico, destacando el enorme potencial de innovación que existe actualmente, pero también la necesidad de discernir sus implicancias. En ese contexto, afirmó que la Doctrina Social de la Iglesia constituye una herramienta fundamental para orientar el progreso tecnológico hacia el bien común y el respeto de la dignidad humana.
La persona humana en el centro
En su exposición, Luis Romera abordó el desafío de custodiar a la persona humana en una época marcada por la transformación tecnológica. A partir de la encíclica, planteó la necesidad de preguntarse dónde radica lo propiamente humano y cómo preservarlo frente a los cambios que introduce la inteligencia artificial.
Explicó que la persona humana se comprende desde la relación con Dios y con los demás, y destacó que la Doctrina Social de la Iglesia ofrece criterios para discernir y actuar en los distintos ámbitos de la vida social. Asimismo, advirtió que la inteligencia artificial no es una herramienta neutral, ya que detrás de ella existen decisiones humanas, intereses y visiones del mundo que influyen en su diseño y funcionamiento.
Romera también subrayó que existen dimensiones esenciales de la experiencia humana que ninguna tecnología puede reemplazar, como la conciencia moral, el amor, la capacidad de comprender profundamente la realidad o la experiencia de la fragilidad. Precisamente, sostuvo que la vulnerabilidad y el cuidado de los demás constituyen aspectos fundamentales de lo humano y deben estar presentes en cualquier reflexión sobre el desarrollo tecnológico.
El conversatorio
Posteriormente, en una conversación moderada por Marcela Vergara, directora académica del Centro de Estudios Generales, Matías Petersen profundizó en algunas de las ideas planteadas por la encíclica, especialmente aquellas relacionadas con la vulnerabilidad humana y los límites de la tecnología.
Durante el diálogo se abordó el contraste entre las promesas de una humanidad cada vez más potenciada tecnológicamente y la visión propuesta por el documento, que releva la dependencia, la fragilidad y la necesidad de los otros como rasgos constitutivos de la persona. También se reflexionó sobre los efectos de la denominada “economía de la atención”, caracterizada por la permanente competencia por captar el tiempo y la concentración de las personas, dificultando espacios de silencio, reflexión y discernimiento.
Otro de los temas abordados fue el impacto de la inteligencia artificial en la educación. En ese contexto, se discutió cuáles son las capacidades humanas que conviene resguardar frente a la automatización y la importancia de mantener experiencias formativas que favorezcan el pensamiento crítico, el aprendizaje y el desarrollo personal.
La conversación concluyó con una reflexión sobre el aporte que la Iglesia busca realizar en estos debates contemporáneos. Más que ofrecer respuestas cerradas, se destacó su intención de inspirar el diálogo, promover el discernimiento y contribuir a una reflexión interdisciplinaria sobre los desafíos que enfrenta la sociedad actual.













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